Juanma Velasco

Un espacio sin cortinas de humo


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NUEVOS AIRES

Al principio prospecté Venus, después revisé la oportunidad de asentarme en Mercurio; desestimadas ambas localizaciones por inhóspitas, quise probar en Marte, pero cuando descubrí la hospitalidad de la Tierra, la amabilidad de sus ecosistemas decidí fundar allí mi imperio, crear una civilización, dotarla de vida, escoger a los humanos como sus rectores y me erigí en su único Dios, aun consintiendo múltiples recreaciones de mi personalidad.

Sin embargo, desde hace unos años, la espesura creciente de los gases de la atmósfera me impide moverme con agilidad entre ellos, su densidad me fatiga de más.

Sí, soy Dios, pero mis criaturas, con sus malos hábitos ambientales, han conseguido crisparme y ya he decidido mudarme de sistema solar, a una supertierra virgen de vida.

Antes de marcharme, como castigo, les reduciré un poco, solo un poco, la presión atmosférica, para que se fatiguen al respirar, como yo.

Quizá, si me echan de menos, si detectan que les he abandonado, decida regresar algún eón.


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METAMORFOSIS LÍQUIDA

 

–Cuando yo tenía tus años, los lagos eran azules.

Pero Jona, pese a que había visto alguna de aquellas fotos antiguas, de dos ridículas dimensiones, de lagos ciertamente lo azules que aseveraba su abuela, achacaba a deficiencias en la conservación de las fotografías en el actual ambiente multiholográfico, aquella coloración azulada del agua, muy intensa en algunos, tan alejada del gris ligeramente amarillento de las superficies acuosas que se proyectaban a las retinas de los pobladores de la Tierra en este 2079.

–¿Cuándo comenzó a cambiar el color? –quiso indagar Jona. El coche, autónomo como la práctica totalidad de la flota universal (salvo en países como Sudán del Sur, Bangladés y los recientemente creados en África, Norkando y Tumbu), las llevaba a la playa. Solo ellas dos, despreocupadas de la conducción; la una confesando sus nostalgias, la otra minimizándolas, sin mascarilla en aquel habitáculo aislado del exterior.

Y la abuela le narró que cuando los humanos desatendieron a la atmósfera creyéndola invulnerable, a pesar de todas las intentonas de reducir los gases de efecto invernadero, a pesar de decretar emergencias climáticas y asustarnos con cataclismos cotidianos, lo cierto es que solo unos pocos (globalistas, los motejaron), muy pocos, insuficientes, renunciaron a dejar de vivir como hasta entonces para contribuir a la recuperación de las constantes atmosféricas óptimas en materia de concentración de gases. Y ese decir pero no hacer, de políticos, países y moradores comportó el mantenimiento del crecimiento de las emisiones de GEI’s hasta que un día –debía ser hacia 2040–, súbitamente, sin apenas un periodo de transición, la lluvia comenzó a no ser incolora, a adoptar un tono levemente amarillento, muy tenue, que acabó por sustituir al azul como color de ojos cuando mirabas un lago.

–Y aunque se acabó demostrando empíricamente que las catástrofes climatológicas no incrementaron número, frecuencia o intensidad, lo sorpresivo fue que comenzó a precipitar pigmentado, como hasta hoy, y ya no se volvió a recuperar el cromatismo anterior – concluyó.

Una pausa, si no dramática, sí cuando menos triste, se adueñó del ambiente.

––Casi cuarenta años y no me acostumbro a que no llueva neutro de color.

–Y ya me has contado alguna vez que también la nieve era blanca…

–También, también a ella la tiñó ese mismo tono planetario.

–No puedo acabar de creerme que la nieve fuera tan blanca como mis dientes, según afirmas tú –replicaron los dieciséis años de una nieta que no debía medir menos de ciento noventa centímetros, en concordancia con la estatura media de la población femenina.

Estaba siendo verano y pese a la hipoxia de mares y océanos, bañarse en la playa no constituía una actividad de riesgo si se enfundaban en aquellas membranas tan transparentes, ajustadísimas como una segunda epidermis, que dejaban pasar los ultravioletas y permitían al tiempo exhibir la silueta.

Apenas si había bañistas pese al calor. Las playas, pese a su seguridad, habían dejado de ser un destino masivo de ocio vacacional. De hecho, la atmósfera libre no era demasiado frecuentada por los terráqueos de aquel tercio final del XXI y una acreditada mayoría prefería la virtualidad multifacética de sus domicilios para procurarse diversión. Además, cronificada la vida, detenida la letalidad de todas las enfermedades, solo los traumatismos ponían fin, y abruptamente, a la actividad celular humana y en virtud de esa invulnerabilidad fisiológica se evitaban los desplazamientos, pese a que los accidentes de tráfico se habían reducido en un cinco mil por ciento desde que se prohibió conducir en detrimento de los vehículos autónomos; aun así, la anécdota de algún error provocaba treinta muertes al año en Europa.

Desde la orilla, la abuela, a piel descubierta, sin intención de bañarse pues, observaba las evoluciones líquidas de su nieta en aquella agua de la misma tonalidad gris amarillenta que había acabado por colonizar también el conjunto de ecosistemas marítimos.

Echaba todavía tanto de menos el azul…


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VOLVERÁN LOS MAÑANAS CON PERDICES

Publicado en Levante de Castelló el 18 de junio de 2019

 

Los balances enturbian, mirar al pasado solo conduce a la nostalgia y esta promueve la infelicidad de todo tiempo prescrito cuando se avizora desde lo inamovible. Esta columna debe situarse en un ordinal superior al quinientos en la década larga opinativa de este argumentador de óptica tatuada por lo subjetivo de cualquier ideología, unas 600 000 palabras acumuladas. Confío en que los augurios de monopolio periodístico provincial terminen por no consolidarse y prevalezca esa pluralidad que nos ha vuelto más libres, menos ciegos, menos condicionados por toda sugestión unilateral.

El capitalismo atroz que todo lo subsume bajo su azote de influencia no repara en conservar libertades ajenas, solo se ocupa, a través de la ambición, de hacer procrear al dinero para fortalecer a las élites; no hay espacio pues para románticos que combaten las desigualdades del sistema, para cruzados de la información contrastada; tiempos de simplificar, de no invertir en crear conciencias, de abolir la filosofía como promotora de la reflexión. Reitero mis votos hacia la reversión de esos rumores de cese imperativo de un medio, este, que ha facilitado siempre el camino hacia la disidencia con lo establecido. Su acta de defunción forzosa, por pura estrategia mercantilista, constituiría una agresión, una más, al estadio del derecho a la libertad de expresión. Sigue leyendo


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NO VOLVERÍA A HACERLO

Publicado en Levante de Castelló el 12 de junio de 2019

 

Me siento utilizado, Una vez más. Y aunque tengo mis años, mi histórico de votos, abstenciones, pataleos, disyuntivas y decepciones, voté. A sabiendas de que al poco, como constato, me sentiría utilizado, una vez más, que el préstamo electoral que deposité en modo papela en una urna legal, sin rastros de made in China, constitucional y romana pues, hasta cuatro obedientes y cívicas veces, será malversado al antojo de sus usufructuarios por mor de la conveniencia partidista, de los egos que salpican la política y de los trueques mezquinos de territorios, regalías y taifas de guardar.

Excluyo de la zarabanda de diatribas a los munícipes electos porque de ellos es el único reino de afecto a los colores de sus patrias chicas por encima de siglas en no pocos casos, con mayor distancia de la Corte cuando más diminuto el pago y por ende más necesita del altruismo para gestionarlo. No guardo una sola duda de que en la mayoría de ellos reside la verdadera vocación de servicio, esa voluntariedad de prestar sus manos desinteresadas a sus vecinos para posibilitar que la prosperidad no pase de largo y los vacíe un poco más. Sigue leyendo


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OTRA RACIÓN DE BECERRO DE ORO

Publicado en Levante de Castelló el 5 de junio de 2018

 

Tómese un futbolista decadente con un pasado deportivo lustroso, añádasele un siniestro, mejor uno automovilístico, mejor todavía si luctuoso, desestímense los aspectos de la conducción que enturbien la tragedia, ignórese a cualquier acompañante fallecido o chamuscado, alíñese con una iconografía de multitudes, de capillas ardientes rebosantes de gentes con escasa inclinación a mitificar a los astrofísicos, prolónguense tres, cuatro días las exequias periodísticas y ya tenemos leyenda a la que ponerle una camiseta, concederle una medalla póstuma y dedicarle un minuto de silencio o de bullanga, en cada uno de los partidos de su equipo de cabecera.

Lamento la muerte de José Antonio Reyes lo mismo que la de Miguel Damián Pocostales, agricultor de Cervera de Pisuerga, toda una existencia dedicada al trigo y a su pan; que la de Abelardo Macián, exminero y escritor aficionado, que la de Fernando Vicálvaro, exmédico rural de Alba de Tormes, que dedicó sus años profesionales a diagnosticar meningitis y sarampiones en comarcas deprimidas por la demografía. Aunque si me pongo intenso, sí me hurgo los enfisemas, si me araño esa entraña donde reposan las verdades incómodas de exhibición, el dolor es menor, mucho menor, casi es ninguno y no se debe ni a mi condición de insensible con los óbitos de desconocidos, incluso a destiempo biológico, ni a la propia figura del futbolista; lo que ocasiona mi merma sensitiva es el exceso, la enésima tragedia nacional que los medios, sin excepción, se han apresurado a construir en torno a alguien que solo atesoraba talento en los pies, sin otra aportación a la sociedad que regates, eslálones y puntapiés constreñidos en la media hectárea larga de un campo de fútbol. Sigue leyendo


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LO PRÓXIMO, MANGUITOS

Publicado en Levante de Castelló el 15 de mayo de 2019

 

Yo quisiera ser amable en mis juicios, protocolario como Doris Day, recién fallecida a los 97, y a la que mi contabilidad en mitos plateados hollywoodienses la había apeado, gratuitamente, del bando de los vivos.

Yo quisiera parecerme al Alfredo Pérez Rubalcaba al que los obituarios han extirpado cualquier vestigio de maledicencia, como si la leyenda de aquel Alí el Químico por el que no quería pasar a la historia y que reclutaba mendigos por Madrid para experimentar con ellos en asuntos de drogas y sus efectos, hubiera sido solo una invención de monologuistas borrachos. Pocas veces la muerte de un político ha despertado tanta contrición colectiva como la de un Rubalcaba al que cuando se vio forzado a dimitir por los malos resultados en 2014, los suyos, los socialistas, ni siquiera el tipo más hipócrita de los albañales de la política española como Felipe González, no le dedicaron los elogios que ahora le ofrendan en competición por ser el más empático. La superficialidad ficticia y empalagosa de las necrológicas desterrando cualquier sospecha de mala praxis humana en vida, de haber pertenecido a las amplísimas cloacas del Estado, de ordinario contingentes, gobiernen populares o socialistas. Pero a mí también me caías bien, Alfredo, lo escribo sin dobleces. Sigue leyendo


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ESCEPTICISMO SONRIENTE

Publicado en Levante de Castelló

En estos nuevos tiempos de minorías electorales disyuntivas, postularse como absoluto puede resultar ofensivo para quienes nos refugiamos en las matemáticas en sustitución de los dioses. Debe ser estrategia, globo sonda, una más de las técnicas de despiste hacia periodistas y sobre todo hacia los todavía votantes que escogerán en breve a sus alcaldes y a sus eurodiputados –aunque quizá solo constituya prepotencia–, cuando el PSOE afirma su intención de gobernar en solitario, pese a contar con poco más de un tercio de los diputados y con las simpatías en modo papeleta, tercas por numéricas, de un votante de cada cinco si incluimos la abstención.

Pese a su reciente mayoría minoritaria no simpatizo con Pedro Sánchez. La reluctancia no me viene de ahora. Me desmotiva su pose de divo democrático, su oratoria de perdonavidas, sus idas y venidas, su acendrado borbonismo, los tumbos que dio hasta encasillarse en el que más le conviene, su continuismo acomodado, su permanente estado de intención. El madrileño que se las da de reformista solo es un sostenedor de un sistema que debe pesar más, más incluso de lo que los analistas de salón presagiamos. Sigue leyendo