Juanma Velasco

Un espacio sin cortinas de humo

Papa Francisco mirando a la multitud

El Papa y su admiración por Caravaggio

4 comentarios

Publicado en Levante de Castelló el 25 de septiembre de 2013

Te debo una Francisco. Una disculpa. Quizá más de una. La esclavitud de la palabra escrita que deja regueros de culpabilidad en quien las vierte demasiado a menudo y con exceso de alegría.

En marzo, al poco de tu elección, uno dejó escrito que un Papa de 76 años no puede erigirse en un revolucionario. Me equivoqué, sólo que lo mío eran palabras reversibles y no balas que detonaban en el entrecejo de elefantes indefensos. Y por esa condición me las envaino y las renuevo perfumadas de enmienda. Nunca leerás ni aquéllas ni éstas pero uno se queda más consecuente de este modo. Y no apelo a lo de rectificar es de sabios porque la sabiduría es un talento que suele correr más que uno.

También dudé de las ansias renovadoras que habías prometido para tu Iglesia, incluso con más sarcasmo del que debiera resultar del conocimiento endeble y por terceros, por esa cochina primera impresión, de una personalidad, la tuya, desconocida en esta ribera cristiana del Atlántico, al menos para mí.

Reitero las disculpas, Francisco, o Jorge, o Jorge Mario, o Santidad, como te sientas más cómodo en un trato que no solemnizo porque me ha dejado boquiabierto una afinidad conjunta que revelaré más tarde.

También aludí en aquella columna a que habías demonizado el matrimonio homosexual y que la primera entrevista de trabajo la tuviste con tu compatriota Kirchner. Lo segundo es entendible por esa querencia que tenemos los humanos hacia lo propio, hacia lo contiguo, hacia las raíces que nos vinculan al paisaje y al paisanaje. Lo primero, lo primero quizá fuera un malentendido mediático, o quizá lo llegaste a opinar en alguna fase temprana o mediada de tu tránsito porque la vida es una continua evolución intelectual, conductual e ideológica, en ocasiones de inexplicable trayectoria hasta para uno mismo.

Fuera malentendido o emisión pretérita, te he escuchado defender recientemente el derecho de un gay a expresar su sexualidad de una forma contraria a lo que sostiene la oficialidad de tu Iglesia. Desconozco si tu arrojo posicional se debe a que eres lo suficientemente mayor como para no andarte con mordazas o si por el contrario tus creencias y tu cercanía con el suelo raso en el que viven la mayoría de tus súbditos tiran de tus opiniones más que tu edad. En cualquier caso, por encarnar al Papa menos elevado y enjoyado que recuerdo, por haber sido capaz de descender con argumentos hasta el único infierno plausible como es el de la pobreza, por haberte desprovisto de ritual, por desprotegerte de blindajes, tengo que reconocerte que has hecho más por el catolicismo a pie de calle durante este semestre que todas las encíclicas de la era moderna.

Por ese sarpullido de humanidad con el que has sustituido a tu casulla, por expresar abiertamente que nunca fuiste de derechas, los amigos del boato y los practicantes de genuflexiones piadosas, a menudo tipos poderosos especialistas en pisotear cuellos, andan de uñas contigo porque les has fallado Francisco, Santidad, porteño, te aluden despectivos.

Largo y creativo, acertado y engañoso se ha escrito de las orogenias que pliegan los muros vaticanos. Abundantes son las versiones de que la Curia es celosa con sus privilegios y opresora y enemiga de conceder libertades que a menudo se acaban volviendo contra quien las promueve. La Curia como término gráfico de un absolutismo católico que tiene (o tenía) al Papa como su máximo estandarte, la Curia como ente abstracto que hace de la fe, negocio y propaganda. La Curia como sinónimo católico del hombre del saco, del malo de Spiderman, del portavoz del gobierno.

¿Hasta dónde te dejará ejercer esa Curia ese purismo ideológico cristiano que te asiste y que parece manar directamente desde el mismo Evangelio de Mateo? ¿Hasta dónde te permitirá esa Curia sacudir el polvo de tantos siglos de sometimiento feligrés a fuerza de mantener la ultranza de una ortodoxia absurda por sí misma? ¿En cuántos duermevelas se te ha aparecido el espíritu errante de Juan Pablo I, el último de tu estirpe que le dedicó un soneto de intenciones a la pobreza y a las bases? Que tu Dios te conserve lúcidas las facultades para seguir poniendo en aprietos a esa Curia sin darles pie para que te incapaciten por el implacable deterioro que procura la vejez, el mismo que convirtió a Wojtyla y a Ratzinger en títeres de sí mismos cuando las manos les temblaban tanto como la memoria.

Tendrás por ello que apresurarte en introducir, como predicas, a la mujer en el cardenalato tras haberle permitido previamente acceder al diaconato, condición sine qua non actualmente para ser cardenal, porque los propietarios masculinos de las contraseñas de la fe no te facilitarán gratuitamente las claves para propagar tu revolución. Tendrás que acelerar los estatutos de una nueva tolerancia con el diferente, los mismos que recojan ese cambio de estrategia para con la sexualidad, dejar de lado las monsergas doctrinales estúpidas que prohíben el uso del condón y otros derivados de las buenas prácticas con el sexo porque aunque seas sudamericano tienes, como cabeza de la Iglesia, una deuda con África en nombre de todos los que han muerto y seguirán muriendo de SIDA, practicantes o ateos, animistas o coptos.

He escrito Mateo deliberadamente porque a tenor de tus declaraciones parece ser uno de tus apóstoles favoritos. He leído que le has referido a tu entrevistador tus numerosas visitas a San Luis de los Franceses, una iglesia modesta, dependiente de la embajada de Francia, situada en las inmediaciones de piazza Navona, en esa tu Roma adoptiva ahora, con el único propósito de dejarte subyugar por la atmósfera de La Vocación de San Mateo, una de las piezas maestras de un genio tan bronco de carácter como luminoso de pincel como fue Caravaggio.

Coincidimos en esa devoción por La Vocación, y seguro que en algunos aspectos que hacen de la desigualdad una constante casi planetaria, pero yo sólo dispongo de unas cuantas sílabas de corto alcance para mitigar esto último que a menudo no viajan más allá de mis pies.

Yo también he estado un par de veces (no vivo en Roma) apostado como un ñu amodorrado en la balaustrada de la capilla Contarelli, arrobado por la contemplación de esa Vocación de San Mateo que parece ensamblarnos (qué fatuo estoy, yo codeándome con un Papa) en el gusto.

Pero también a mí, como a ti, me sobrecoge el lienzo, su atmósfera compuesta por gases de luz metafísica. Y aunque yo no me sentía pecador ni menos escogido por ese dedo conminatorio de Jesucristo que señala a Mateo mientras calla explicítamente que si, que es a ti Mateo, es a ti expresión con la que tanto te identificaste para aceptar tu elección como pontítice, también sentí la profundidad de una llamada, literaria en mi caso, que me llevó a gestar una novela que lleva por título ese mismo A ti Mateo, es a ti y que gravita en torno a la pintura de Caravaggio.

Te la haré llegar en breve, cuando me des tus señas vaticanas, por si a la novela le crecieran las alas de la casualidad y los mismos francotiradores que apuntan a tu exceso de libertad no pudieran abatirla.

En ocasiones, quizá después de la segunda cerveza, escucho también una voz casi inaudible que me dice: es a ti, Juanma, esta vez es a ti.

4 pensamientos en “El Papa y su admiración por Caravaggio

  1. Bueno…, estupendo tu artículo, Juanma, como siempre. También he leido, tal como me aconsejabas, los dos últimos párrafos de la entrevista al Papa en ABC, y he “flipáo en colores”. Realmente la vida está llena de casualidades increíbles; el Papa Francisco dice prácticamente lo mismo que decías tú en la novela, vamos, como si el Papa te hubiera robado las frases… Y quizás, al fín y al cabo, no sea tanta la casualidad. Yo creo sinceramente que ÉL (con mayúsculas) te señala con su dedo cuando lo miras, y deja muy claro con ese gesto que es solamente a tí a quién se dirige… Seguirlo o nó es cosa nuestra. Un abrazo.

  2. Soy ateo. Bebo de Orbaneja y de Puente Ojea, eso significa que aprendí muy bien a distinguir el cristianismo del catolicismo…y me alegra enormemente este soplo de aire fresco y cordura que entra por las ventanas de San Pedro. Aunque no crea en Dios ni en Cristo como su hijo, sí que creo que el humanismo cristiano es capaz de hacer a las personas mejores, y eso no es proselitismo catolíco, es amor. ( Francisco dixit)

  3. Realmente fue un gran placer leer estas líneas. Soy argentino, del norte y pegado a Bolivia, y mis dudas me asaltaron cuando a éste porteño lo eligieron Papa. También debo pedirle perdón, yo también exterioricé mis prejuicios ignorantes, y por ello ahora debo pedir disculpas, aún cuando jamás el Papa los haya escuchado.

  4. Uno de los más bellos artículos que leí, gracias juanma. Y digo este es el papa Francisco. Si la Iglesia se convierte en aquella que él quiere e imagina, habrá cambiado una época…

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