Juanma Velasco

Un espacio sin cortinas de humo

Confieso que he fumado

1 comentario

Publicado en Levante de Castelló 

Si uno de los ministros más fumados de la democracia, Cristoforo Montoro, anuncia, con su tonillo hiriente de elfo despechado y resentido, que la gente, la vulgar, esa con la que no se mezcla ni conoce, está empezando a notar la recuperación económica, también yo puedo inhalar el humo de la tapicería de su escaño al que varios millones de ciudadanos, incluido el colectivo al completo de actores y taquilleros de cine, estarían gustosos de prenderle fuego (con él sentado), y manifestar que Eurovegas no se va a construir en Alcorcón para desolación de Carlos Fabra.

Me permito un inciso con mi don Carlos, con mi recurrencia temática favorita ahora que todavía goza de los últimos coletazos pasivos de su fama. Estoy en disposición de asegurarte, don Carlos, que no permitiré que ingreses en la aurícula derecha de mi olvido, como ha hecho contigo ese Partido Popular que tantos votos, favores e intrigas te debe, el mismo en el que te erigiste como Padre y la gente, otra vez la gente, la común, esa que Dios fabrica en grandes cantidades, se sentaba a tu derecha para adorarte.

Y aunque no puedo prometerte girarte visita en la cárcel un día a la semana para llevarte el coleccionable de los casinos de España, sí en cambio puedo seguir mencionándote cada miércoles Santo, cuando sólo existas en forma de calle olvidada en el extrarradio de tu Castellón doliente. ¿Cárcel? Debo seguir fumado, el peta de escaño chamuscado potencia mis distopías.

Sucede que el otrora inquisidor de la provincia, que llegó a jactarse pública y literalmente de que Yo no sé la cantidad de gente que habré colocado en doce años, no lo sé” (2009, audioteca de la SER, su propia voz), marchito como Madrid,sólo acertó a poco más que a balbucir, y su defensa a extraer conejos con mixomatosis de su chistera, para contrarrestar la rotundidad de los peritos de Hacienda. Estos sabuesos de los extractos bancarios declararon, sin miedo a la extorsión, quizá por provenir de otra provincia distinta de la de don Carlos y la mía, que no, que los más de trescientos millones de céntimos de euros que don Carlos ingresó en efectivo en sus cuentas durante no sé que periodo (y no voy a molestarme en averiguarlo), ni siquiera venían timbrados con la tradicional bendición de la lotería. Dineros de origen desconocido (pero bien conocidos por demasiados). De origen desconocido, como uno de esos virus que aterran al planeta de tanto en tanto.

Al escuchar la seguridad de los peritos en sus manifestaciones, uno celebró que hubiese alguien en el juicio a mi ídolo de carnes de plastilina que no padeciera de esa amnesia corporativa que se ha sobrepuesto a la amenaza del perjurio. Me dan ganas, con permiso de la memoria de Saramago, de emprender un Ensayo sobre la Amnesia y presentarlo hecho ya todo un bestseller en Tele5.

Pero lo más sustancioso de las declaraciones de los peritos fue que don Carlos Fabra y lo-mu-cho-que-ha-he-cho-por-cas-te-llón, al parecer y durante los años que lo rastrearon, se había estado jugando su provincia a la ruleta. Y eso, la adicción a los rojos, a los pares y a los pasa, no se cura sino es con la bancarrota. Aunque desconozco la actual situación económica de don Carlos, presupongo que aún le alcanzará para echarse unas rondas al siete y medio.

Me da la videncia de que don Carlos será condenado pero con esa levedad con la que se sentencia a los que un día fueron poderosos y que todavía poseen pruebas comprometedoras de quienes los juzgan, para impedir que éstos arrojen esa primera piedra propia de los que están libres de pecado. Tengo por ello el convencimiento de que don Carlos no tendrá necesidad de montar una timba en Alcalá-Meco para alimentar su gusanillo y disputarle a Bárcenas el título de preso más enrollado del trullo, circunstancia, la de su ingreso o no en prisión, que me resbala tanto como Minneápolis en enero.

Y si afirmaba al comienzo que un tipo como Sheldon Adelson acabará por no construir su nuevo Shangri-La en Alcorcón se debe a la naturaleza caprichosa y mudable de los ricos reaccionarios e inmunes a la sensibilidad. Este octogenario, filántropo únicamente con sus causas y con las de los suyos (quizá algo en lo que no difiera del resto de filántropos), probablemente chocho y más probablemente aún desalmado, caudillo y belicoso, ha expuesto recientemente en una universidad judía neoyorquina, en el transcurso de una conferencia, que la mejor manera de negociar con Irán es enviarles un misil atómico para que impacte en alguno de los desiertos persas como avanzadilla de otros que destruirían Teherán si los iranios no se pliegan a las exigencias norteamericanas de detener su programa nuclear. Plas plas plas. Así aplaudían los asistentes para no desairar al anciano conciliador que bien pudiera ser candidato por Israel al Nobel de la Paz en futuras ediciones si continúa con esa tendencia amable de no masacrar al enemigo sin advertirle primero.

Con semejante talante negociador no me imagino al algo más que cascarrabias de Sheldon poniendo una primera piedra en Eurovegas si el Gobierno no le permite fumarse un lingote de tabaco en sus futuros casinos madrileños, aunque valorados sus años, sus pulmones y el escaso recorrido estadístico que le pueda quedar a su lucidez y conjugado con lo ingente del proyecto, albergo un pesimismo razonable sobre la erección del complejo para sofoco de Ignacio González y Madrid entero. Ciertamente Madrid no se merece un Eurovegas para recuperar su prestigio pero su economía caída sí merece que alguien lo rescate de esa decadencia que le achacan los hacedores de leñas de árboles caídos, aunque atienda por Sheldon.

Pero igualmente lo albergo, el pesimismo, si finalmente el Gobierno encuentra un agujero de gusano a la normativa y permite la singularidad de fumar en la casita de papa Sheldon porque los retrasos se acumulan y el magnate se hace mayor, y los herederos quien sabe si creen en lo mismo y de igual forma que su testador y no se llevan el negocio a París, para que combine con EuroDisney.

No corren buenos tiempos para estos dos señores de las fichas, cada uno situado en su lado correspondiente de la mesa de juego. A Sheldon porque se le está acabando el crédito biológico y a don Carlos porque le ha salido moho en casi todos los bacalaos que cortaba.

La gente, la que no cotiza en Bolsa, puede que note más los anocheceres de estos dos patriarcas decrépitos que las acrobacias verbales de Montoro cuando afirma que el luto ha terminado. Hagan humo, señores. Y señoras.

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Un pensamiento en “Confieso que he fumado

  1. Este de Rajoy es el tipico gobierno que no tiene a menos bajarse los pantalones en plena sesión del Congreso , si es necesario.

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