Juanma Velasco

Un espacio sin cortinas de humo

SIGAN, SIGAN

Deja un comentario

Publicado en Levante de Castelló el 15 de noviembre de 2017

 

Hace frío. Incluso al sur del Círculo Polar, incluso aquí, amenazado el otoño en consumirse ante el avance inexorable de noviembre, a orillas de un mar templado que no sufre de congelaciones invernales. Un frío relativo, bien es cierto, pero que no cesa pese a que el aire se caliente hasta casi los 20 al mediodía y el sol invite a la nostalgia benigna en los días sin viento, como hoy, martes, cuando escribo.

Hace frío también en las hemerotecas y en las declaraciones de todos y cada uno de quienes pretenden, a su manera, salvar España del prójimo, equivocado a perpetuidad en sus planteamientos de presente y sobre todo de futuro. El prójimo, en política, siempre yerra y para eso están ellos, todos, los que creen que el prójimo equivocado siempre son los demás, los que te van a representar si les concedes tu voto y tus corazas, para conducirte esposado, sin posibilidad de intervención alguna, hacia el Norte de su interés y de su egocentrismo irrestañable.

La política, la española en particular, sujeta de ordinario a y por la condición humana,  desde que el hombre se asentó en aldeas e inauguró, sin foto por entonces, sin consciencia, el Neolítico, no modifica sus esencias, y aunque intenta destruir al adversario, se ha venido transformando para adecuarse a los nuevos marcos sociales que impone el progreso evolutivo del sapiens como especie, pero manteniendo, con descaro, los referentes legales superiores (entiéndase Constitución), promulgados casi en el Paleolítico para beneficio de quienes los blanden, los interpretan y los ejecutan. Un ejercicio extremo de supervivencia el prorrogar una Constitución ambigua, quizá como las restantes, que requiere de un desarrollo tan amplio para su aplicación que solo puede garantizar un tribunal, el Constitucional, escogido proporcionalmente para desarrollar su generalidad de articulado, por quienes gobiernan y por quienes lo persiguen. ¿Separación de poderes? ¿Estado de derecho? ¿Incluso democracia? Una falacia reiterada hasta la náusea por quienes viven, perviven, de sostener las falsedades que les benefician.

La separación de poderes solo a ráfagas, perversamente conducida la asignación de tareas y casos a determinados jueces amables con la parte contratante, flagrante el apartamiento azaroso de otros, por molestos; indigno el nombramiento caprichoso de fiscales a juego con el poder y el traslado de los díscolos, jueces y fiscales, a otras latitudes donde puedan decidir ortodoxo, pero sobre asuntos menos comprometidos con lo patrio, con lo que sustenta a los políticos que acampan en la Corte.

El Estado de Derecho no deja de ser un latiguillo que esgrimen quienes parecen estar necesitados de justificar continuamente sus acciones o sus alineaciones. El Estado de Derecho como esa indefinición que valida cualquier procedimiento para favorecer las libertades de los más libres de por sí, de los que más próximos anidan a las cimas del dinero que todo lo ensucia. El Estado de Derecho como una expresión de la gratuidad de la verborrea que prevalece por encima de la casuística, ese mismo Estado de Derecho que permite que un partido, corrupto en su núcleo sin necesidad de anteponer lo de presunto,  que destruyó hasta treinta y cinco veces sus discos duros siga encumbrado en las televisiones y en las cabeceras, creando, o intentándolo, tendencia, miedo, catastrofismo si no militas en su ideario,  arrogándose purismo nacional y golpeándose el pecho por la patria mientras se protege con silencios cuando le preguntan por su podredumbre sistémica, por sus regalías mantenidas, por ese férreo marcaje a la libertad individual que demolió una ley Mordaza ya asumida por el consciente colectivo de la sociedad.

¿Democracia? El concepto se ha ido prostituyendo, porque la línea intangible que separa los totalitarismos del gobierno del pueblo se ha adelgazado hasta lo difuso. La democracia se ha convertido, si es que no lo fue de ordinario, en la dictadura de las minorías, de esa aristocracia política sostenida por el poder económico, nacional e internacional, que anula a los individuos una vez han donado su voluntad en forma de papeleta en la que figuran unos nombres que no pueden escoger y que tienen que aceptar con la sumisión de los indefensos nada menos que cada cuatro años. Democracia, la actual, que no permite pronunciarse sobre si los españoles prefieren mantener la corona o escoger una república más acorde a los tiempos. Democracia, en el lenguaje engolado de los que viven adosados a los micros vanidosos, es tener que asumir los aforamientos protectores dictados por una Constitución que se blindó a sí misma para no ser reformada con facilidad y a la que parecen tenerle un apego singular los dignatarios del PP, los mismos que no saben y no contestan cuando se les pregunta por la atmósfera sucia de su partido, camuflada por la guerra incruenta declarada a Cataluña.

Como curiosidad he ido preguntando a mis aledaños, a bastantes, si habían leído el contenido del 155. Salvo escasas excepciones, la respuesta ha sido negativa. Es decir, que pocos sabían de la perversión sutil de los redactores constitucionales, etéreos en su intencionalidad de facultar al gobierno de turno para tomar las medidas que estime oportunas, las que quiera, para revertir cualquier situación de desencuentro geográfico, en este caso el catalán, por la fuerza y no a través de una negociación a la que se han negado sistemáticamente quizá ambas partes, con la contribución del pirómano de un rey secuestrado por su apellido que ha sido incapaz de proponerse como mediador y ha optado por el recurso fácil de atenerse a la misma Ley Magna que lo declara como inviolable. Será por esa falta de escrúpulos que los Borbones perduran como las cucarachas, inmunes a cualquier extinción.

Cree el personal, esa mayoría domesticada por la televisión y por los medios en el ejercicio de una hipnosis jugosa en resultados, que el artículo 155 de esa Constitución reforzada ante la masa por reiterarla como oráculo, recoge con minuciosidad la serie de medidas que el Gobierno ha dictado para reconducir la asonada pacifista catalana, que las disposiciones son fruto de la reflexión literal de aquellos padres del 78 que convinieron en importar de la alemana, por si acaso, un artículo represor, pero como ya era de los últimos y cansaba, lo dejaron con un añadido de puntos suspensivos para que los completara quien fuera viniendo a lo largo de la historia.

Embarrados todos los escenarios, lejos de manifestar, unos y otros, soberanistas, nacionalcatolicistas, anarquistas, neofalangistas, patrioteros y el PSOE como paradigma de lo volátil, su actuaciones, con precisión, tras el 21D en función de los resultados, esas mismas facciones encapsuladas por partidos se valen de las emociones y no del detalle programático del futuro para atraer el mismo voto que una vez emitido convierte a la más predicada de las democracias en la más sutil y silenciosa de las dictaduras.

A modo de epítome. Corre el rumor de que Carlos Latre se ha postulado como próximo secretario general del PSOE. Creo, a la vista de los mil y un disfraces y registros que ha adoptado Pedro Sánchez, que yo lo podría hacer más creíble, ha declarado bajo la atenta mirada de un Durán i Lleida perplejo recién desempolvado para el uso.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s