Juanma Velasco

Un espacio sin cortinas de humo

NIÉVALA OTRA VEZ…

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Publicado en Levante de Castelló el 10 de enero de 2018

El ciudadano Echaopalante paga religiosamente (pese a ser agnóstico) sus impuestos, suele guardarse una semana de vacaciones por Navidad y luce un Qashqai de última generación con luces cuadrafónicas. Hace medio año consiguió vencer la resistencia de su mujer y regalarse el IPhone 8 en el que almacena, entre otras docenas, una app que le regurgita la temperatura no solo de su ciudad sino de aquellas por las que transcurre.

El ciudadano Rajoy todavía, si por él fuera, usaría un móvil de botones porque su vagancia y su escaso sentido de la mejora continua lo incapacita para todo lo que suponga abandonar sus 300 palabras rancias de cada día. No se dedica a mucho más que a dejarse mecer por el protocolo y a mantener lo consolidado con esa escasez de empatía hacia los semejantes que no pueden disponer de un par de médicos las veinticuatro horas para cuidar a su padre sin costearlo de su peculio, ventajas de ser un líder. Desconoce cualquier aproximación a la dinámica atmosférica y no discierne una baja en altura de un pescador de bajura.

Mientras, el señorito Zoido, se fuma un puro para añadir el riesgo de muerte por cáncer de pulmón al manifiesto de su obesidad cultivada por su condición de bon vivant. En el palco del Sánchez Pizjuán, porque él lo vale. Su papada discordante no le impide presumir de sí mismo donde quiera que va, en consonancia con la más distinguida alcurnia de los señoritos cortijeros de la media Sevilla a la que le gusta los toros.

El ciudadano Echaopalante presume de modernidad, de cosmopolitismo, de atender la predicción meteorológica, pero tampoco tiene pajolera de lo casi imposible de pronosticar con precisión la distribución de la precipitación sólida generada por una baja en altura tan diminuta como la que se cernía sobre España la tarde-noche del sábado. Iba a nevar sí, pero ¿dónde y en qué medida? Ningún predictor de AEMET atinó finalmente con los lugares ni con la cuantía en la que el Gordo de la Naturaleza iba a agraciar en forma de pañolada sazonadora.

Rajoy no teme a nada porque la ley siempre está de su parte y cuando no lo está la agarra del cuello y la tergiversa lo suficiente o la interpreta a su conveniencia (para eso escoge de su puño y letra a los fiscales, al TC y medio mangonea en la judicatura). Le importa un pontevedrés si nieva de más o de menos. Su inopia no es de este mundo.

Gooool del Bétis, el segundo. Zoido, sevillista confeso compone el rictus hipócrita de la indiferencia diplomática.

Echaopalante ha decidido volver a casa en sábado después de un asueto merecido en el pueblo de la parienta, echando dos kilos de más a los dos que ya echó en la contrarrecta de lo navideño. Si nieva lo hará sin virulencia, vaticina por encima de la incertidumbre oficial. Casualidad sería que se desencadenara el Armanevón en su trayecto, apostilla, pero más coloquial, con suficiencia. Que no, que esto del tiempo lo tengo yo controlao y, además, llevamos un coche hiperbárico, sin unas cadenas que no sabe poner, pero que cree no necesitar porque es medio tractor y saldrá de cualquier apuro por sí mismo y por su pericia de comercial de fondo acostumbrado a pasar kilómetros de más a su empresa, fiel a la más consolidada picaresca española y olé.

Rajoy sigue soñando puigdemones de la tarde y se le desprende esa babilla asquerosa de unas comisuras labiales blanquecinas tras la cabezadita vespertina y sabatina que se ha permitido tras leerse el argumentario de la semana que han diseñado sus ideólogos de salón y a la vez auténticos gestores de esa España que invoca hasta el martirio auditivo. Dicen que nieva en el acueducto de Ávila y en las murallas de Segovia. ¿Está usted bien, padre? Se está calentito en Moncloa, ¿verdad? Papá Estado es generoso con los que no acumulan demasiados escrúpulos.

Gooool del Betis, el cuarto. Zoido ha tomado, para atemperar la desolación deportiva, un par de cervezas en el descanso del derbi y ha alabado la calidad de canapés y langostinos de la zona VIP de su Sevilla.

Echaopalante y su familia han comenzado a maldecir en ampurdanés cuando la ira del creador ha rajado el vientre de las nubes y ha dejado caer de golpe todo un ajuar de sábanas que han levantado una fortificación de nieve, de coches, de interjecciones y de cuñadismos. Entre Villacastín y El Espinar una muralla de sabaderos detiene su trabajoso avance después de salvar tres patinazos y siete amonestaciones de su doña sobre si era necesario viajar hoy pese a las advertencias del riesgo.

  • No será largo. Es una autopista de peaje y vendrán las quitanieves a despejar el atasco. Estamos en Europa, somos el primer mundo- pronostica con un deje de fanfarronería venida a menos por las circunstancias. Mengua la luz, la noche es ya una inminencia

Un tuit, quizá de Donald Trump, advierte a Rajoy desde control que la nevada está provocando un órdago a la circulación, que la primera línea de ojos del acueducto de Ávila está próxima a cubrirse y que las murallas de Segovia no resisten el asedio de la nieve. El gallego recomienda no hacer nada, aguardar a que escampe y mover los brazos con energía, como hace él cuando alguno le piropea aquello de deporte eres tú, Mariano.

En el Sur, el Betis marca el quinto y el cielo también se desploma, pero verdiblanco, sobre el orgullo sevillista de un Zoido que les hace una seña a sus guardaespaldas para que se preparen, que tiene prisa y palco en el teatro y luego cena en el reservado de un restaurante postinero donde tampoco pagará.

A las dos y cuarto de la madrugada, Echaopalante, exhausto, sin inventiva ya para vomitar insultos hacia todos aquellos distintos de sí mismo pero implicados en su varado, advierte un par de figuras fantasmagóricas que repiquetean en la ventanilla con los nudillos acolchados y les ofrecen bocadillos de chorizo y un par de botellas de agua mientras se interesan de si todo está medio bien, porque bien ya entienden los de la UME, que así es como se presentan, que no puede estar. Echaopalante agradece la generosidad de las viandas y el chivatazo de que están despejando la carretera, de que no debieran tardar en quedar liberados, que racione el combustible y que conserve la batería del móvil. El niño dormita. Ha dejado de nevar sobre la medianoche.

Rajoy juguetea con su cuenta de Twitter furtiva y le manda un tuit de buenas noches a Trump con su inglés de Almería. Ya ha ordenado a uno de los esbirros que le elabora los discursos que vaya buscando culpables para cuando la oposición pida la dimisión de su ministro de Fomento que, mientras la nevadona, estaba en Valencia de parranda con una novieta que se ha echado por allí. Ha sondeado la posibilidad de destruir la hemeroteca en la que se le puede ver y escuchar en 2009 solicitando el fusilamiento de los culpables por no saber gestionar el atrapamiento níveo y zapateril de entonces, pero sus asesores le han comunicado que el cosmos de la historia de sus declaraciones es más vasto que los discos duros de su partido y que nada impedirá que los gacetilleros hagan aflorar su entracanicie pintoresca de ocho años atrás. Pero decide que se encogerá de hombros, que bombardeará de nuevo Barcelona, trabucará algún refrán y con el refrito cesará la andanada de la nevada de Reyes. Si salió indemne de lo del Prestige, cómo se va a arredrar por una nevadilla meseteña.

A esas mismas dos y cuarto de la madrugada, Zoido pide otro gintonic. Probablemente el penúltimo. En Sevilla rara vez nieva.

En coincidencia con el amanecer, Echaopalante y los suyos comprueban que la fila se mueve, que hace un frío de grajos bajos porque su IPhone 8 le marca -8 y que estos del tiempo siguen tan perdidos como hace cuarenta años.

A esa misma hora el director general de Tráfico pregunta qué tal todo, ¿bien, no?

 

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