Juanma Velasco

Un espacio sin cortinas de humo

NI SIQUIERA SOY MI PROPIO HÉROE

Deja un comentario

Publicado en Levante de Castelló el 14 de febrero de 2018

 

Un héroe es alguien a quien solo se tarda un poco más en olvidar. Aplicado al presente, un héroe esconde al individuo que permanece un par de días más que el resto en los puestos cimeros de las redes sociales o que traspasa el umbral de la resistencia de tres telediarios. La heroicidad contemporánea, exenta de la carga mitológica que la inopia de otros tiempos ciegos, donde las leyendas se armaban por interés y los mitos estaban destinados a complementar a los dioses, consiste en no dejarse influenciar de más por los flautistas que intentan convertirnos en cobras para que mordamos a nuestros enemigos ideológicos.

Un héroe de hoy es aquel que capaz de no votar, por disconformidad con partidos, sistema y mandatarios, y no sentirse señalado por los profetas de la democracia; de no aullar de más cuando su equipo gana, de poder leer un par de horas seguidas sin mirar el móvil; capaz también de conservar proactivamente a los amigos, de dar las gracias incluso por whatsapp, de contestar a cualquier email, de moderarse en la respuesta ante cualquier operador telefónico en la intromisión de cada mediodía. Un héroe es el que utiliza la ironía, incluso el sarcasmo en sustitución del insulto cuando aparecen determinados facóqueros en los medios anunciando el cariño estatal hacia autónomos y pensionistas; aquel que dona y calla, que milita activamente en cualquier ONG a sabiendas de que el lado oscuro de la condición humana también está presente en ellas.  Un héroe, en definitiva, es aquel que entiende que los populistas no son los demás sino también uno mismo. No, no soy un héroe y ya me complacería figurar como uno de los descritos.

Y una vez aparecido el concepto populismo sonrío, por no rugir, cuando este PP cenagoso que conserva todavía la suficiente sugestión mediática como para continuar monopolizando un Gobierno (una permanencia que no hubiera consentido ningún otro país en el planeta, por africano que fuese), se inclina, aprovechando el fragor popular y la reiteración, sobre todo televisiva, del caso de Diana Quer y del resto de actores homicidas de la violencia de género, por introducir en el corpus de la Ley  ese eufemismo de cadena perpetua rebautizado como prisión permanente revisable para sofocar las iras de esa facción del pueblo que tacha de blandengue al partido de la guerra y que no dudaría en votar sí a un aplastamiento militar de Cataluña. Secunda Ciudadanos, tras cambiar, por enésima vez de rumbo, de criterio y de corriente, otro que califica como populismo solo a lo que promueven y propugnan las hordas moradas.

También el mismo PP se ha atrevido a enviar una carta a todos los pensionistas del país para informarles, entre vivas encubiertos a esta nueva España que verdea y autobesos en las propias bocas gestoras del partido y del Gobierno, que les han subido el sueldo, ese 0’25% que les sirve para legitimar la expresión en los parlamentos “hemos subido las pensiones”, y no deja de ser una verdad, fascista, populista, pero verdadera.

Ocurre que eso que tan fácilmente se cataloga como populismo por quienes se tienen como ejemplarizantes de lo contrario, solo se etiqueta como tal cuando moviliza a esa masa desleal a su ideario, pero cuando las medidas se toman para satisfacer a los suyos y tratar de devolver a los tránsfugas a su caladero electoral, el mismo populismo se transforma en decisiones, medidas, sentido común, derechos o cualquier otra evasiva capaz de ser defendida con tales términos. Una de las tantas patrañas con la que esta clase política española y gris, vulnera la paciencia de quienes no tenemos la suficiente cachaza para arribar a héroes, pese a que votar no parece la mejor de las opciones para perder la personalidad en detrimento de la de quienes se postulan para decidir por nosotros, por mí.

También el PSOE, voraz contra Podemos, como el resto, porque en el partido de los insatisfechos más activos y menos tendentes al sofá vieron los socialistas una amenaza de sepultura del suyo propio, ha orientado su mascarón hacia un populismo que tampoco lo conceptuarán de tal modo porque ese término lo han destinado: PP, el propio PSOE, y los mutantes continuados de Ciudadanos, en exclusiva a Podemos. El otorgamiento de poder de decisión a las bases, el adelgazamiento de la relevancia interna de los barones en virtud del supuesto respaldo que concedieron esas bases a ese líder, Pedro Sánchez, que cada día escoge un lema distinto al que asir su oposición vergonzante y que ya va por la segunda vuelta de ocurrencias y contraocurrencias llevadas a normativa. Este golpe de mano de Sánchez no es sino un golpe de fe depositada en esas bases que lo auparon al poder socialista contraponiéndose al de los barones autonómicos. Pero el derviche de Sánchez, interpelado sobre el particular, achacará la medida a la democracia de base de su partido y cuando le espeten conceptos como el asamblearismo y el mismo populismo remitirá al periodista, sin rubor alguno en su razonamiento, a la sede de Podemos, o a cualquiera de los muros de Trump, según convenga.

Esos socialistas que han sido escogidos para gobernar por sus supuestas dotes de liderazgo y clarividencia son quienes, por representación, deberían tomar las decisiones que ahora delegan en una masa manipulable en lo emocional, con un conocimiento limitado, nulo, de los entresijos del Estado. No deja de ser la delegación un estallido de incompetencia, un renegar del sentido de la democracia representativa en asuntos clave y confiar en la capacidad de dirigir el voto colectivo de una militancia en virtud de las arengas de rigor y de la cantidad de jamón que contengan los bocadillos. Este enésimo giro a las antípodas de sí mismo de Pedro Sánchez lo equipara a esos caudillos que hacen de la exaltación virtud cuando se requiere la frialdad y el análisis exento de visceralidad desinformada.

Tiempos de mimetismo, de contagio, de elevar la anécdota a categoría; hasta las musulmanas denuncian a los cebolletas de Alá en sus vueltas lentas a la Kaaba aprovechando lo prieto de la muchedumbre. El asunto de la relación hombre-mujer se ha visto desbordado por un feminismo atroz que necesita de una revisión calmada surgida desde el inalienable derecho de la mujer a ser respetada, igualada e integrada en un sistema sin discriminaciones, pero sin ventajas tampoco por el mero hecho de ser mujer. La mayor fuerza física, la animalidad de lo masculino, proclive desde siempre a la violencia, necesita del reposo de la Historia para reconducirse. No se consigue un nuevo orden en una sola generación, pero también va resultando necesario que la mujer abandone, en general, determinadas conductas sociales tendentes al aprovechamiento de su sexo. No parece coherente que Madonna se erija como adalid de una nueva mujer habiendo hecho de la escenografía de sus desnudos, en y fuera de los escenarios, y de la provocación sus armas propagandísticas más celebérrimas. Se necesita reflexión, continencia argumental para naturalizar el conflicto. De continuar por esa senda revisionista del me too, no tardarán las leonas del Serengueti en denunciar por acoso a los Simbas del parque y a amanecer un movimiento que defienda los derechos de las leonas a permanecer célibes.

Quisiera hacerme pasar por uno de esos héroes tranquilos, un pez en ocasiones, pero a la relectura de lo descrito, sé que no está a mi alcance.

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s