Juanma Velasco

Un espacio sin cortinas de humo

LA CENSURA NO ES IGUAL PARA T…

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Publicado en Levante de Castelló el 28 de febrero de 2018

 

La censura ha supuesto, históricamente, un mecanismo de conservación patrimonial de quienes detentan el poder, perpetrada con mayor fiereza cuando más absolutista el régimen. Pero pese a los recortes que la popularmente conocida como Ley Mordaza (una ley que refuerza punitivamente comportamientos clasificados, desde la subjetividad del legislador, como libertarios) ha introducido en materia de libertades personales, si aplico un mínimo de honestidad en el  análisis, infiero que gozamos de un marco de expresión amplio y hondo, solo que de tanto en vez el mazo del Estado, bien ejecutado por la Justicia, bien por los poderes que la someten y adjudican los puestos decisorios a sus miembros, golpea sobre algún descamisado escogido para escarmentar y atemorizar a quienes se envalentonan.

El encarcelamiento del tal Valtonyc, un tipo gris sin duda en lo poético, un borroka del rap, autor de una letra repugnante, aunque uno pueda compartir la esencia de su ideario, ha supuesto lo más parecido al bamboleo de un cuerpo colgado de una farola, expuesto a los buitres, para que su escarmiento haga reflexionar a otros artificieros de la libertad de expresión con la finalidad de que no se contagie la presunta impunidad ante unos actos que el poder juzga como atentatorios para la conservación de su autoridad, de su tiranía democrática en países como el nuestro con Gobiernos tan escorados a la represalia como el nuestro también.

Si aplicamos la justicia comparativa, la dureza de la condena del rapero supone una aberración frente a lo aterciopelado en el trato hacia los emepuntos tan presuntamente corruptos como mendaces, o hacia el encogimiento de hombros con aquellas que fingieron ser cariátides, o frente a la dilación casi infinita con la que se conduce la Justicia en determinados asuntos en los que se ven inmersos otrora espaldas plateadas de la política y de los negocios para que la prescripción actúe de oficio. ¿Las palabras hieren, pero los hechos no? ¿Dónde quedaron las tropelías informativas malintencionadas de la ignífuga de Cospedal en su televisión castellano-manchega? ¿En qué artículo quedaron sepultadas las atrocidades a la verdad de Camps y sus metales con Canal 9? ¿En qué olvido sedimentó la perversión de la realidad que practicó la cínica mentirosa de Aguirre en una Telemadrid arruinada como todas las televisiones autonómicas? Sí, incluyendo TV3, solo que allí tenían a Polonia que satirizaba a unos y a otros en un ejercicio de catarsis televisiva que no hubiera tenido cabida en ninguna de las televisiones manipuladas y citadas. ¿Alguien se imagina al Camps, ya perturbado, pero todavía pujante a lomos de ferraris, autorizando un programa del corte de Polonia en “su” televisión, la misma que hizo de la tragedia del Metro de Valencia algo casi anecdótico?

Esa censura oficial que sataniza los hechos y los retuerce para presentarlos distintos, o que obvia aquellos que no tributan en la cuenta de popularidad del líder ¿no es delito? ¿acaso no estaban mintiendo con cargo a cuotas a unos televidentes a los que pretendían zombis, sordos, lelos, legos, autómatas de la papela? ¿El legislador no tipifica como delito esa usura de la verdad y en cambio condena a más de tres años de galeras a un diablo solitario, sin protección, sin aforamiento, aunque con arsénico en la laringe?

Me irrumpe un ejército de terracota de preguntas con sesgo valtonyco ¿Si cien raperos se hubieran puesto de acuerdo en componer letras con igual carga de injurias, la Justicia hubiera dictado cien condenas simétricas? ¿Se hubiera producido de igual modo esa Justicia que jamás se ha planteado ilegalizar a un Partido que perjura hasta 35 veces que yo no fui, si el balear en lugar de arremeter, con escaso gusto pero no exento de aproximación a los hechos reales, contra la corona española se hubiera pronunciado de la misma forma contra la británica, o contra Macron? ¿Y si el objeto de sus pseudoversos cacofónicos hubiera sido la peluca eléctrica de Trump? ¿Quizá algún ministro orondo se hubiera aprendido entonces la letra para cantarla en algún tablao de madrugada?

Defender el honor de una institución que contó con un rey tan crápula y tan comisionista como sus antecesores, algo de lo que es consciente y todavía comadrea en sus sobremesas de Bowmore Darkest, esa aristocracia de Madrid que tan hipócritamente defiende en público a la misma corona a la que despedaza en privado, solo provoca una añadidura de rechazo hacia quienes ya se lo profesamos, más que por quien la detenta, por el hecho de perdurar todavía en un país que hace de la demoscopia un ministerio de la estrategia, reste el tiempo que reste para cualquier elección. Pero la monarquía, resucitada por el cabrón máximo de Franco, una antítesis de la democracia por sucederse a sí misma, una imposición de quienes soplaban tras la nuca de unos padres de la Constitución constreñidos por las fuerzas del momento goza de parecida protección que los linces ibéricos porque a quienes les encaja la pretenden larga y dócil, como esta, sumisa en los discursos, escasa en la improvisación, farsante como ellos mismos.

Sin embargo y tratando de mantener un equilibrio argumentativo, quienes sufrieron la censura franquista, la represión ante las palabras de mariachi valentón, quienes hicieron malabares para protestar en los entrelíneas de poemas, entre las estrofas de canciones, quienes se las ingeniaron para burlar a un vademécum de censores profesionales, nos aleccionan de que esta censura presente es una bendita anécdota comparada con aquellos cenagales en los que zozobraba la libertad de individuos, pueblos, instituciones, la de una nación entera subordinada a un solo hombre. Habrá que saber valorar esa amplitud del actual horizonte y cambiar de patrón, de patrones (no se atisba uno omnímodo para legislaturas venideras, para llanto de Rivera) con el mecanismo del voto (quien lo crea oportuno) para que la próxima singladura venga con menos trabas todavía para la opinión disonante, aunque la confianza en que Sánchez y sus gladiadores de la plebe deroguen leyes como la Mordaza que preservan a quienes se pudieran  topar de bruces con el poder que concede un Estado  es escasa en lo que a mí concierne después de tantas bravuconadas de salón como ha disparado el renovado líder, o lo que sea, socialista,  con escasa traducción en directrices más allá de las dictadas para protegerse de sus potenciales detractores o rivales internos. Toda una declaración de intenciones conservacionistas su otorgamiento de poder a las bases.

China, como nuevo aspirante a hegemón del planeta, para apuntalar esa teoría de que no hay progreso sin censura, la ha fortalecido, ha propuesto la retirada de su Constitución del artículo que limitaba a dos los mandatos de su presidente, un desconocido para el vulgo español Xi Jinping, un risitas que ha venido incrementando los controles sobre la sociedad civil y sometiendo a un estricto control a los medios de comunicación, además de supervisar las redes, cerrar webs y arremeter, incluso con la pena de muerte, contra aquellos que se perciben como una amenaza contra el régimen, incluyendo los defensores de los derechos humanos y de las minorías.

Si relativizamos, si desatrancamos otros ventanucos, nuestra luz opinativa se proyecta con una amplitud de onda considerablemente más esbelta que en numerosas sucursales de lo plenipotenciario. Si alguien derogara la Ley Mordaza, seríamos Utopía y no existen.

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