Juanma Velasco

Un espacio sin cortinas de humo

¿TE CONSIDERAS GILIPOLLAS?

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Publicado en Levante de Castelló el 18 de abril de 2018

 

Un tuit apócrifo y reciente rezaba, literalmente, “nos toman por gilipollas, y hacen bien”.  Si esta, la que encarna la repelente niña Cifuentes y sus correligionarios, esos que optan por atacar en lugar de ruborizarse, esos que han escogido el afear las pecas ajenas para disimular sus melanomas, es la democracia representativa, yo me bajo en las siguientes elecciones. Y sí, tengo el convencimiento íntimo de que no todos son iguales, que hay quienes desestiman la omnipotencia democrática como doctrina y tienen arranques de dignidad.

La enésima entrega del caso máster evidencia una serie de desazones democráticas que si bien son tan prolijas que necesitarían de una trilogía para desmenuzarlas, pueden ser compendiadas en un decálogo:

  • No es nueva la mentira en democracia, pero pocas veces su persistencia, su constatación flagrante, ese supuesto gracejo español en su despliegue, producto de tantos siglos de práctica, habida cuenta de las nuevas herramientas de conocimiento que se tienen gracias a los rastros que deja la tecnología, ha supuesto un delirio como en el presente. La mentira, en sede parlamentaria, frente a cámara, en las comparecencias, en redes sociales, se ha convertido en el pilar básico de comunicación de quien ostenta el poder. El destinatario no cuenta, prevalece el yo, el nosotros político; el vosotros, el tú, el ellos han dejado de importar a aquellos que solo se protegen a sí mismos y a su continuidad para decidir en tu nombre, pero sin tu aprobación. Pasó tu tiempo, el reinado de tus derechos solo dura un día, unas horas, el minuto en el que viertes la papela.
  • Pese a todos los códigos éticos suscritos por los partidos políticos, pese a todas las manifestaciones de contundencia higiénica ante actuaciones indignas, expresadas con mayor virulencia cuando las presuntas irregularidades las comete el adversario, cuando la prevaricación recae sobre el propio partido, afloran no solo las justificaciones, sino las calumnias con ánimo de crear opacidad. En el caso de Cifuentes, la actuación corporativa del PP puertas afuera (la que nos llega) ha resultado tan miserable, que me ha hecho abdicar de cualquier atisbo de condescendencia electoral.
  • El que no haya mecanismos de deposición populares más allá de las elecciones para quien ha dejado de merecer la confianza, siquiera de sus votantes, debiera ser una exigencia, una fehaciencia y no solo una desiderata utópica de los entendemos que los electos se transforman (degeneran) a lo largo de cuatro años y de que un voto no debiera resultar una patente de corso de eternidad durante una legislatura.
  • La devolución del máster, la inculpación a la Universidad de irregularidades y con ella su exculpación, el variar de estrategia y adoptar la antagónica y con ello dar por buenas las falsedades vertidas en anteriores justificaciones, constituye la prueba de que la supervivencia personal está por encima de cualquier sometimiento a la contumacia de los hechos. Su dimisión no será espontánea en ningún caso, con lo que cualquier parlamento adjunto será pura cháchara.
  • El uso y abuso de “nunca”, “jamás”, “absolutamente” acompañando al “yo”, supone el hecho inequívoco, por igualación a otros que resultaron condenados y que usaron las mismas fórmulas exculpatorias, de que ha ocurrido justamente lo contrario que se intenta negar. No hay mayor indicio que la exageración de la ignorancia para situarnos en la orilla contraria.
  • La verdad no importa, como mantenía Schopenhauer en su dialéctica erística, importa tener razón. Y si esa obra fue publicada en 1864, quizá no hayamos cambiado tanto, quizá estemos abocados a sufrirnos a nosotros mismos como humanos y frágiles. El éxito en una discusión, acabar como vencedor por una suma de efectismos que no por veracidad, sigue siendo una de las piedras angulares sobre las que se sustentan no solo las campañas, sino el día a día que no deja de ser, intoxicado por la demoscopia, por un exceso de medios y por un atosigante protagonismo de los políticos en esos medios sobreexcitados, la mayoría serviles, una campaña permanente, opresiva para quienes entendemos que la condición humana suele tender a falsear lo circundante en beneficio propio. Gracias, El diario.es, por vuestra solidez independiente.
  • Nadie conoce a nadie. Si en ocasiones resulta complejo conocer a los muchos yoes que se agazapan en nosotros mismos ¿cómo podemos pretender extraer conclusiones de la impostura que supone aparecer con el más abrillantado, y espurio, de los discursos, en televisiones, radios, entrevistas y otras exteriorizaciones de quienes se venden a sí mismos a través de la hipnosis colectiva, avezados a ello como están, desde una apariencia de entrega y altruismo?
  • Los líderes, cuando son cazados en prácticas opuestas a su ideario, deberían poder ser erradicados del liderazgo por sus propios acólitos y si el falso corporativismo no lo permite, derribados igualmente por quienes sufren su intemperancia. La rebelión es una necesidad cuando las leyes son garantistas de los blindajes del poder. Sí, he escrito rebelión, desde el pacifismo firme de los convencidos. Y si es rebelión lo que se imputa a los presos políticos (he atinado el orden) catalanes, ¿qué término habría que inventar para lo de Franco, lo de Riego, lo de Martínez Campos? ¿Incluso para lo que se rumorea estuvo auspiciado por Juan Carlos I, en el 81?
  • Las alianzas entre políticos, entre bloques, a menudo pactadas sin la anuencia de quienes un día votaron a unos o a otros, y siempre a posteriori, comportan un salvoconducto para decuplicar el ninguneo de los súbditos electorales, porque en eso nos hemos convertido por mucho que hagan recaer sobre nuestra voluntad la deriva democrática. Un hombre un voto, mil una estadística, un millón un rebaño, diez un ejército de ojos vendados por la pirotecnia de lo ideológico.
  • La inopia de demasiados líderes se erige en demasiadas ocasiones como el principal argumento para su defensa. El que alguien como Manuel Chaves, tras 19 años como presidente de la Junta de Andalucía, niegue conocer con esos “nunca”, “nadie” o “absolutamente”, tamaña desviación de dinero hacia destinatarios fraudulentos evidencia o su incompetencia o su derecho a mentir en beneficio propio. Me inclino, sin dudas, por lo segundo. La máxima pena posible es la inhabilitación para ocupar cargo alguno a un hombre ya despojado de cualquiera de ellos, alimentando el sarcasmo la instrumentalización de una Justicia prostituida por la injerencia de la política, pese a las declaraciones ominosas de lo contario de un apologeta del neofranquismo como Rafael Catalá.

Estos razonamientos, como los mandamientos, se resumen en dos: amarás al escepticismo como a ti mismo y no te dejarás influenciar por quienes entienden que las leyes, incluso las constituciones polvorientas como la nuestra, están por encima de tus libertades personales.

La pervivencia del PP en el Gobierno, ese partido que pretende hacer pasar la constancia reivindicativa por rebelión, las protestas con incidentes por terrorismo (los fiscales son los brazos ejecutores de ese aludido neofranquismo gubernamental) nos aboca a la consolidación del adelgazamiento democrático en favor de una acentuación, si cabe, de la represión. Y cabe, todavía resta mucho margen para reprimirnos en pro de seguir tejiendo, desde el autoritarismo, esa patria fétida, rancia, aliñada con toros, mantones de manila, procesiones y otros españolismos que llevan a la grima y que cada día está más alejada de Silicon Valley.

Deberíamos replantearnos si somos o no gilipollas, y si concluimos que no, ¿por qué consentimos que nos sigan tratando como tales?

 

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