Juanma Velasco

Un espacio sin cortinas de humo

LA RAZÓN A DESTIEMPO

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Publicado en Levante de Castelló el 23 de mayo de 2018

 

Las postrimerías de mayo no impiden que siga nevando en Vorkuta (Siberia Occidental), que se acumulen todavía 93 centímetros de nieve en sus descampados que apenas si sobrepasan el grado de temperatura máxima en las horas centrales de unos días con excedentes de luz en sus olvidos. Sin embargo, cuando tenía previsto el adentrarme en una de esas columnas sosegadas, de taiga silenciosa y de hielo antártico expansivo, admirativa de la diversidad de una Tierra a la que solo conocemos de oídas más allá de nuestra montaña de enfrente, mientras me estaba calzando las botas de ambicionar tundras, acaban de detener a Eduardo Zaplana, el primer presidente negro de una comunidad autónoma en un proceso inverso de customización facial al de Michael Jackson.

Interpelado de inmediato Mariano Rajoy sobre el suceso por uno de los billones de periodistas itinerantes que superpueblan las noticias cuando transitaba con paso marcial en dirección al Marca, ha manifestado, escondiendo los dientes para que no se aprecie su descuido hasta en eso, no sin antes consultar un papelillo de letra ilegible para afianzar sus afirmaciones, lo siguiente:

  • Este señor ya no pertenece al PP (eso le transmite Maíllo que le llama con voz de romancero doliente)
  • Dejemos trabajar a la Justicia, quizá el detenido y yo muramos antes de que se dicte sentencia (esto último parece una apostilla de la periodista)
  • Desconozco el asunto y no sé de qué me habla (esto sin duda procede de su laringe)
  • El monte Concolán es mi puerto de montaña favorito (el nombre correcto del puerto es Zoncolan)
  • La presunción de inocencia debe ser respetada (lo lleva escrito)
  • Los españoles debemos aplicar el sentido común y la altura de miras conjuntamente (lo recita de carrerilla, probablemente la frase apareciera en el temario a las opos amañadas de registrador)
  • No me olvido de fustigar una vez más con un “que se cumpla la Ley” (improvisa, improvisa…)
  • ¿Hablamos de Maduro? No, no, de Obiang no, de Maduro, que para ser becaria, se comporta usted de un modo insolente, que es todo lo contrario de solente (y con una coreografía grotesca abandona la escena con una mueca que aspiraba a sonrisa)

Y así transcurrimos, entre los vapores del absolutismo de la política que todo lo pervierte y que nos mantienen entretenidos en disputas de plató y taburete, distribuyendo docencia de bar y alcantarilla, mientras el país se desangra de olvido lingüístico en los rótulos de las catedrales de Praga y la información se adquiere sumergido en la propia burbuja de una irrealidad condicionada y vinculada con el interés de la parte adoctrinante,  diseñada por unos medios tan adscritos al poder imperante como no se recuerda en la breve historia democrática española. Reconozco que algunos días me dejo llevar por la sobremesa cursi de los personajes reiterados de Corazón, Corazón y hasta me veo favorecido con esa lobotomización de mi conciencia crítica. Esa Amaya, ese Bustamante, esa Echevarría, mi Paquirrín, los Alba, protagonistas rosa de una España delicada y juguetona que se levanta a las diez y toma unas cervezas al mediodía; salmodias dirigidas a las madres y a esas abuelas dóciles que no salen a las calles con el fervor de los pobres cuando les saturan sus reservas de templanza acumulada. Programas de prime time que tienen por objeto predicar el ommmmm y constatar lo mayor que se ha ido poniendo la Igartiburu.

Zaplana y sus secuaces comenzaron el proyecto de expolio de esta comunidad autónoma que me acoge. Con ellos empezó todo, al menos en lo que concierne a lo flagrante. El cartagenero, gestor plenipotenciario del presupuesto colectivo,  atildado de pose, ceñuda la dicción frente al espejo de la cámara, cortado como nadie en sus ternos infinitos, encarnó ese sentido exclusivista de un político que supo ir y venir, entrar y salir, mentir y comparecer, desoír a sus críticos sin enmendar una corbata, desaparecer cuando el congelador ya no permitía almacenar más cadáveres y en lugar de adquirir otro se mudó a una presunta isla sin antecedentes y fingió honestidad y anonimato mientras, por la línea de los pinchazos, telefoneaba a sus homónimos y jugueteaban a deponer jueces y fiscales sin reconocer su propia voz.

No sé si atribuir su detención (efímera, con seguridad, como las de Rato y otros pelafustanes no catalanes de la política) a la coincidencia con la primera huelga de jueces y fiscales -con las dos asociaciones, la conservadora y la progresista, mancomunadas- o achacarlo al azar. Pero si reconsidero la disyuntiva, desestimo de inmediato al azar como detonante y lo atribuyo al cálculo instrumentalizador que siempre preside la cronología de las acciones. Me sumo pues en la tristeza ideológica de todos los días sobre estas horas, pero después, emulando a los nobles y a los que aparentan felicidad televisiva, intento tomarme una cerveza frente al mar y recobro las constantes de la idiotización cómoda de dejarme oprimir por esos pocos que han hecho de su bandera mi rebuzno, de su himno mi silbido.  No pueden pretender que ese país al que someten, al que utilizan, al que ensalzan hasta la hipérbole, un país que todavía permite navegar a los niños por encima de un océano de cabezas en las romerías masivas con nombre de virgen inerte, se convierta en el mío. Sus símbolos, por su apropiación, han dejado de ser mis símbolos, precisamente por ese enaltecimiento que hacen de ellos para ametrallar, sin atisbo alguno de diálogo, a los que exhiben símbolos contrapuestos para manifestar su desencuentro con el país de enfrente.

Resulta entre hilarante y desolador que 23 años después (1995) de la razia a las arcas públicas valencianas que pudo haber iniciado Zaplana, la UCO, la virgen del Rocío o después la fiscalía lo incriminen. Me consta, de primera mano, que los jueces reivindican algo más que salario, que persiguen lo que el Gobierno paraliza, una modernización de la Justicia semejante a la experimentada por Hacienda. La esclerotización de la Justicia suele favorecer al político delincuente, y dejo de protegerme anteponiendo presunto, porque se contabilizan tantos, casi todos alineados en el PP, que el término ha acabado por resultar innecesario. El retraso de siglos en la imputación, en la instrucción, en los recursos, en las apelaciones, en la sentencia ha conseguido en más de una ocasión insuflarme más lástima que satisfacción al contemplar el detrito de vejez en el que se han acabado convirtiendo los finalmente condenados.

Zaplana está enfermo, o lo estaba. No, no lo escribo como atenuante de mi complacencia porque no siento nada con su detención, con su…lo que acabe siendo, solo es un manifiesto de la tristeza que concede tener la razón a destiempo.

De aquella época de la que reniega el actual PP, como si aquellos bio hubieran sido los mentores de estos, solo restan limpios de causas, es un decir, Aznar, Camps (tambaleándose en su propia condición de perturbado) y los camareros de la boda de la hija de aquel. A por ellos…

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