Juanma Velasco

Un espacio sin cortinas de humo

BIENVENIDOS A LA LUZ

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Publicado en Levante de Castelló el 11 de julio de 2018

 

Las pisadas masculinas se han vuelto sigilosas cuando petits comités de hombres, con o sin cerveza de por medio, abordan el asunto de la exacerbación del feminismo (a su juicio). Y cuando se adentran en esos territorios inexplorados de la sensibilidad femenina por su condición antagónica de género, suelen mirar hacia los lados, temerosos de que alguien pueda escuchar sus discrepancias con ese movimiento de feminismo extremista que deja al hombre a expensas judiciales ante cualquier insinuación de maltrato femenino, conductual o verbal, exista o no.

Yo también me produzco sigiloso con el vocabulario, escogiendo con mimo los términos para que no resulten motivo de molestia ajena a la par que precisos para dotar de rigurosidad enunciativa a mis aportaciones prescindibles. Piso suave, temiendo tanto escribir, como mirar, como insistir, como no saber cómo comportarme ante una primera negativa femenina, porque imagino que al género todavía no le ha dado tiempo a reciclarse para aprender a decir sí de un modo manifiesto, sin causar la confusión histórica producida por noes que se pretenden síes, pero no a la primera para no dar impresión de “facilonismo”. Pero quizá sea que algunos envejecemos desfasado en asuntos de adecuaciones de lenguajes, de señales, de indicios siquiera. De haber imperado el orden punitivo al que se tiende en materia de negativas femeninas, millones de matrimonios no se hubieran consumado a falta de insistencias masculinas que acabaron demoliendo resistencias de chicas con la guardia alta a las que les gustaba dejarse querer de más antes de desvestirse.

Sé, y me avergüenza la violencia ancestral de mi homónima naturaleza masculina, que el medio centenar de asesinatos por violencia de género requiere medidas drásticas, medidas quizá discriminatorias en origen hacia quien durante tantos milenios ha derramado la sangre caprichosa del género más débil en lo físico (que no en lo fisiológico). Sin embargo, los movimientos viscerales mayoritarios, los que surgen de la ira irreflexiva, los que se acompañan de consignas como “yo sí te creo” solo por el contagio mimético de medios, cabecillas o instintos sin haber leído siquiera una sentencia (ni esa ni cualquier otra), acaban barbarizando las sociedades por mucho que pretendan igualarlas. Yo sí leí la sentencia y sin exculpar lo más mínimo a los agresores sexuales de Pamplona, concuerdo con la sustanciación de los motivos que indujeron a los magistrados a imponerles nueve años, nada menos que nueve años, a los miembros de la infausta “Manada”. A juzgar por el estallido de furia callejera femenina, pareciera que los hubieran absuelto. Sobre su liberación provisional, no albergo ni conocimientos ni jurisprudencia penitenciaria para pronunciarme y me abstengo de teorizar desde mi inopia.

Viene motivado lo anterior por un quizá globo sonda que ha lanzado el Gobierno para testar la opinión pública en su incesante búsqueda de congraciarse con colectivos copiosos de votantes potenciales para obtener el máximo de simpatías electorales en las oleadas de urnas venideras sobre la lábil línea intangible que separa la agresión sexual de la violación, el incidente de la agresión sexual, el escarceo del incidente, la insinuación del escarceo. Expone el Gobierno, con atrevimiento, su intención de exigir el “sí” expreso de la presunta víctima para desestimar cualquier intercambio de caricias y más como agresión sexual. En todos los demás casos en los que no intervenga ese consentimiento manifiesto, en voz alta, no atino ya si con testigos, el hecho vendría tipificado como agresión sexual o violación, según el alcance.  Se sobreentiende que la denuncia de la supuesta víctima de esa pretendida agresión termina con los huesos del hombre en la cárcel, subvirtiendo el orden de carga de la prueba al atribuirle, de entrada, la presunción de culpabilidad. Una inversión del derecho que no deja de resultar inquietante y no solo a los profesionales.

¿Y si la potencial víctima se hubiese insinuado a su, a la postre “agresor sexual”, solo con un “venga”, con un “puede”, con un “no seas tonto”, con un “inténtalo”, pero a medio camino del todavía escarceo hubiese decidido cambiar de criterio y desdecirse, cerrar cualquier vía del deseo y se hubiese producido aquello que acabó por denunciar? No hubo un sí expreso, señoría. No consta grabación alguna, pero mi palabra de mujer debiera bastar para condenar por agresión a ese hombre mínimo que no puede defenderse ante la perversión de la nueva Ley. Cábalas, sin duda formuladas desde una óptica masculina, que no conviene llevar más allá porque el territorio de la especulación resulta vano cuando solo se sustenta sobre pilastras argumentales sin otra base que la propia cábala.

Tortuoso el itinerario, amplias las perspectivas, sujetos a equívocos los supuestos. Y atrevido el planteamiento de un Gobierno como ente difuso que se erige en legislador sin fuste solo para obtener el rédito electoral de un colectivo femenino que ha tomado las calles para imponer su irreflexión mancomunada, para rugir proclamas sustentadas en emociones y no en reflexiones.

Ardua la labor del auténtico legislador para dotar de ecuanimidad a los géneros sin menoscabo de ninguno, para no dejarse influenciar por la corriente de sobreprotección de una mujer que necesita, por supuesto, que la protejan, pero sin caer en un exceso de cojines bordados a su nombre.

Está demostrando pericia programática el nuevo Gobierno socialista acometiendo reformas cosméticas, sin fuste todavía; más colorete, sombra de ojos que letra concienzuda en BOE, pero que repercuten sobre colectivos arponeados con burla por el anterior Gobierno de un PP sordo a mujeres, jubilados, parados, estudiantes, becados, estafados bancarios, contribuyentes, funcionarios, taxistas y procuradores; enfrascado en procurar prerrogativas fraudulentas a los suyos ejemplificadas en el caso del máster de una Cifuentes que ha pasado de un protagonismo diario en actos y medios al ostracismo más silente. Lo que se va conociendo del máster de la expresidenta de la Comunidad de Madrid, lo que se intuye del de Casado a juzgar por su asombrosa capacidad académica constituye el nunatak del sistema de mierda endogámica en el que se movía un PP que ha resultado tener patitas de flamenco en lugar de las patazas de elefante que se atribuía.

Parece Pedro Sánchez obcecado en entronizarse como führer benevolente en un socialismo de mil años, adoptando el tono sosegado de los nimbados. Sigue siendo una incógnita cuándo acabará por aflorar el indeciso, el tornadizo. Mientras Rajoy ha sido casi olvidado incluso por la intrahistoria, Rivera refuerza sus aullidos de españolidad reivindicando que cada día sea el 12 de octubre, con la niña Arrimadas repitiendo con ese timbre repelente las mismas frases que tan bien domina y que producen parecida migraña a la que impidió a Cifuentes declarar en la vista del caso que lleva su nombre.

Por fortuna y por evolución, los niños espeleólogos a la fuerza han mostrado la surgencia tecnológica y organizativa de un país, Tailandia, como exponente de un sureste asiático que camina sobre botas de gigante y que amenaza con subsumir a Europa en un museo de carne envejecida. Superada cualquier expectativa de supervivencia y de tiempo de rescate, la cooperación y la buena suerte parecen haberse puesto de parte de la vida. Bienvenidos a la luz, niños.

 

 

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