Juanma Velasco

Un espacio sin cortinas de humo

UN DIVO MÁS A ESCENA

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Publicado en Levante de Castelló el 25 de julio de 2018

 

Creían los últimos fabricantes de mantillas extinguidos sus negocios. Parecido finiquito presentían los confeccionadores de mantones y los manufactureros de peinetas. Incluso algunos banderilleros, retirados y gordos por consiguiente, están considerando adelgazar para recuperar el oficio porque acaba de llegar a las estribaciones del poder mayúsculo, a ese PP infestado de patria, mafias y vinagre, un español abanderado de lo rancio y lo caduco, un tipo que reparte avemarías por donde pasa y que promueve salir a los balcones a gritar, brazo en alto, con la nuez vibrante, que somos españoles con orgullo de derechas, que nos va la marcha de la vida sin recortes, la caza mayor sin restricciones, las procesiones con cera, llorar cuando las vírgenes nos hablan, los toros que se dejan cortar las dos orejas y que lo de morirse en paz, solo cuando Dios quiera.

Un tal Pablo Casado, un mozo con la sonrisa de madera, tallada por un coach con influencias de Salzillo, ha atracado en el partido donde imperan las órdenes sin réplica, el hágase anteayer, el mear más alto y más ácido, el cerrar los ojos y las puertas, un reservorio cañí donde los escrúpulos se dejan en el perchero de la entrada y las camisas de manga larga, blancas, cuando menos claras,  incluso cuando el sol tontea con los cuarenta grados, mejor si se tachonan con el pin de la bandera, pasan como ese uniforme preceptivo, corporativo, de colegio caro, privado o concertado, que lo público lo pasea el PP como de obreros, aunque voten estos estúpidamente a la derecha, incluido a Ciudadanos.

Después de un viacrucis de hachazos en privado, después de que no pocos socialistas se asombraran entre ellos por desear que la otrora niña Soraya ganara una elección, las isostasias del poder del partido más cenagoso de la breve historia de la democracia española se alinearon en el reciente congreso para que la placa de Casado (aunque sus recientes acólitos ya lo refieren como Pablo, tan campechanamente como llamaban de Juan Carlos al antiguo rey) resultara vencedora tras numerosas fricciones, fallas y terremotos de magnitud más que notable, no todos recogidos por los sismógrafos del periodismo.

En el patio, las familias mafiosas se confabularon en un “todos contra Soraya” y la otrora poderosa, la mujer que tuvo a las líneas editoriales de los medios de rodillas durante buena parte de la singladura del marmolillo de Mariano, acabó por no poder soportar los desasosiegos del partido sobre sus hombros sin cuajo y resultó derrotada primero por la sonoridad de los aplausos en su contra y después por el recuento. Cualquier integración de la exomnímoda por esa alianza de perdedores que tanto reiteró el lenguaraz, parece destinada solo a atemperar, y solo también en un principio, a quienes demandan sutura. En todas las culturas se ha deportado al enemigo a algún esfínter, no va a ser la actual diferente; las purgas de Pedro y Pablo (Iglesias) constituyen buena muestra de los cuchillos largos que conforman la naturaleza humana.

¿Y ahora qué, Pablo? Se interesa Marhuenda y sus pagadores del Ibex (de ordinario cautelosos en no apostarlo todo a un único caballo) que han retirado algunas fichas del tapete de Rivera y las han situado en el negro, par y pasa de Casado.

Y eufórico replica el investido que vamos a desgañitarnos de lo nuestro, de lo atávico, que viene con la lupara debajo del gabán, con la estrategia de bombardear Barcelona, a devolver a la Iglesia el boato que nunca debió perder y a gasear a okupas, maricones y menesterosos. Y añade que aquellos que no presenten un currículo con algo norteamericano en su haber, aunque sea adquirido en Majadahonda, no tienen cabida en el partido, ni en esta España de madrugar con el sol y fornicar con la luz apagada. Hijos, los que vengan.

-¿Y lo de tu máster, Pablo, lo tienes controlado? Terquea ladrador el periodista amaestrado en el mordisco descamisado. Y Casado se enfurruña y se eleva de testosterona para acallar cualquier duda con la voz airada de sofocar desaires sin aportar pruebas, solo honestidad, humildad y algún tú-me-ves-a-mí-ca-paz-de-en-ga-ñar-al-sis-te-ma, con esta carita de buenorro que los años le van desposeyendo. Y el interlocutor, sumiso de habitual con quienes se topan de bruces con el poder sin fuste para siquiera perpetrarlo, adopta la prudencia numantina del silencio y gesticula una negativa con la cabeza.

-Asunto zanjado, Paco. Abriremos el paraguas un tiempo, negaré lo que hubo y lo que no y el mero peso institucional de mi nuevo cargo reducirá los gritos a susurros taimados de un pueblo mayoritario en predilección hacia lo azul- se envalentona Casado, hendido por el mismo rayo que ordenara a Jose(sin acento) Mari, Aznar, dirigir no solo a esta nación, sino a la humanidad entera hacia nunca se supo muy bien adonde.

No descarta el recién escogido resucitar a los Tercios porque la Legión le queda chica para contener tanto patriotismo como abrillanta su peinado las noches de verbena. Encarna Casado a esa España selectiva con sus víctimas, próxima a las de ETA pero indiferente con las del caudillo osificado y cabrón yacente en el Valle; representa el liderucho amacronado a esa estirpe que adora las dinastías, a los reyes, por muy expoliadores que hayan sido o sigan siendo, a arrodillarse en misa de once, pidiéndole a su dios de cabecera que reparta la miseria entre los rojos, que amamante solo a los suyos con su gracia.

No teme el rojerío la sombra bisoña de Casado, se teme que una nueva epidemia de ceguera electoral enrarecida prospere entre los olvidadizos y resucite a un Partido Popular que ya debiera residir solo en los anales, por esa metástasis de corrupción que ha venido devastando a millares de sus órganos vitales travestidos de personas con mando en los palacios y en selección de la música de los coches oficiales.

Otra epidemia, esta de tristeza, sacude al progresismo, a quienes entienden el país más como de aceras y de universidades que de vociferar verdulero en los balcones. No comprenden, no comprendemos como a Cifuentes se le permite reiterarse en la mentira sin castigo, como Casado obtuvo sus prebendas académicas con una celeridad tan brillante como ni siquiera para Faraday fuera capaz. Quizá por alimentar esas concesiones caprichosas satisfechas a precio de platino a quienes las reparten como hostias, lo privado haya cobrado tal pujanza en los discursos previos de un Casado provocador que ha escogido Barcelona para poner el sable de su minga sobre una mesa en la que las únicas estrellas divisables son las de ocho puntas de los generales.

Mientras, en la acera opuesta de la ideología (no tan opuesta, quizá solo aledaña), Carmen Calvo se marcaba un Floriano para justificar lo festivalero y gorrón de su amado líder que sigue levitando por las esquinas, convicto, uno más, de que su voz timbrada y su debilidad por la cosmética, y ahora que ha aprendido a modular superficial, pero convincente, no solo le bastará para pastorear España, sino que le preservará de un síndrome de Hybris que ha comenzado a manifestarse en sus primeros síntomas. Toc-toc, Sánchez, y un eco de cartón piedra responde a la par que atenta contra la esperanza.

Mientras, Rivera aumentando su dosis de…autoestima para volver a las cruzadas que le conduzcan, uno más, a ser investido mesías de esta España pasiva que nunca habla de ella.

Mientras también, algunos preguntamos, con esa inocencia juvenil que desata la nostalgia, si nos estaría permitido votar en Croacia. Solo para Eurovisión, responde Siri.

 

 

 

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