Juanma Velasco

Un espacio sin cortinas de humo

LA CALLE YA NO ES SUYA, DON MANUEL

Deja un comentario

Publicado en Levante de Castelló el 1 de agosto de 2018

 

Esto va de Fragas resucitados porque las calles y las avenidas más caras del Monopoly han cambiado de pistolero, porque han decidido asaltarlas sin permiso de las subdelegadas del gobierno, por la testosterona que les rebosa, dolidos ante el presunto maltrato de la legalidad en la que se enmarca su actividad, por pertenecer a un gremio, el de taxistas, que no acepta que el planeta se incline hacia el costado de lo evolutivo y los postergue. Y como son suficientes, se alían para defender lo que estiman les corresponde sin reparar en lo que desequilibran al resto de usuarios de la ciudad, de los aeropuertos, de los hospitales, de los cementerios.

Vivir en el hemisferio capitalista comporta que ese sistema, por sí mismo, regula los mercados, que los gobiernos no están para diseñar membranas protectoras contra la competencia, que si Uber y Cabify proliferan, será por algo, aunque el éxito se derive de explotar salarialmente a sus trabajadores (desconozco si es el caso), pero no parece ser esa potencial penuria por la que interceden los taxistas levantados en armas, puñetazos, volcados y ocupaciones, comportándose como una mafia sin escrúpulos ante los derechos de los demás. Proliferan porque han introducido la vanguardia en su modelo de negocio, porque han apostado por la tecnificación, por la transparencia en los itinerarios y por la agilidad en el pago. A diferencia de los taxis que, pese a sus progresos, forzados siempre por la irrupción de otros, no se han acomodado a los tiempos amparados en su posición monopolística.

Si los independentistas catalanes hubieran invadido la Castellana, la Gran Vía de les Corts Catalanes, la calle Colón de Valencia y otras tantas de ciudades menores, ¿cuánto tiempo hubiera durado el asentamiento sin que hubiera intervenido con la violencia que los caracteriza cuando arremeten contra lo menos español, la Guardia Civil y la Policía Nacional mancomunadas? Ello sin contar con las posteriores detenciones y encarcelamientos, a juzgar por el histórico de hechos, de los cabecillas. ¿Dos días, uno, seis horas? ¿A por ellos?

Sonroja el trato de favor policial/gubernamental que se concede a unos o a otros ante los mismos, o mayores, comportamientos invasivos de la libertad ajena. Declaró Pedro Sánchez, el gran levitador, hace un par de calores, con motivo de las grabaciones de Corinna y la inculpación al crápula del anterior rey como poseedor de cuentas en Suiza y más allá, que al Estado no se le chantajea y cerró el caso sin meter siquiera los pies en el agua, con la cobardía institucional que acompaña a los pusilánimes. Ahora, con los miles de taxistas haciendo palidecer a Fraga, parece que las concesiones se van a ajustar en su totalidad a lo que exige la horda de taxistas. La debilidad de Sánchez, especialista en maquillaje, pero lego en medicina interna, se antoja tan manifiesta como la de su aritmética parlamentaria; ejercer de buey cuando se es solo rana no acostumbra a intimidar prolongado a los depredadores aledaños.

Lejos de lo aludido, sin que uno quiera que aporreen a los taxistas, la más condescendiente de las actitudes se ha puesto de manifiesto contra ellos. He escuchado a muchos españoles que no repararon en engalanar sus balcones con la rojigualda, que mientras puedan utilizar otros medios, no tomarán un solo taxi español. Lo gremial no puede derivar en absolutismo, imponer una rebelión tan desaforada provoca el rechazo de quienes la sufren y por mucha justicia que soliciten, por sólida que intenten prolongar su agonía como monopolio, el progreso se la tiene jurada.

Conducir será un anacronismo en 20-30 años. La automatización de la conducción nos llevará a un planeta sin taxistas, por fin, repleto de coches inteligentes que depositarán a los turistas al pie de la Sagrada Familia sin necesidad de filosofías de habitáculo, algunas extremistas, otras imprudentes, incapaces no pocos de tener en cuenta la ideología del cliente desconocido al que transportan. Con seguridad constituyen minoría, pero se revela lo suficientemente amplia como para llamar la atención y depreciar al colectivo.

Cuando el ser humano muera solo de traumatismos, cuando la muerte se programe como las cesáreas, la conducción quedará confinada solo a lo deportivo. Parece un escenario propio de las películas apocalípticas, pero el progreso se conduce exponencial y se anticipa incluso a las proyecciones.

¿Dónde habitan los miles de operarios de gasolineras que se han visto obligados a reinventarse por la automatización de las estaciones de servicio? ¿En qué barricada se refugiaron los operarios de cabina de las autopistas cuando fue sucediendo parecido progreso? ¿Dónde quedan los serenos, los herreros, los sogueros, los aposentadores, los telefonistas, los alpargateros, los limpiabotas, los ultramarinos, las corseterías, los vendedores a domicilio, los repartidores de leche o de periódicos? ¿Dónde van quedando las cajeras y los cajeros de supermercado arrumbados por las máquinas? La respuesta es sencilla, en el olvido romántico donde se amontonan los añicos de la nostalgia de unos tiempos, solo mejores porque éramos más jóvenes y más enérgicos.

¿Tendrían derecho los propietarios de los pequeños comercios a invadir el paseo del Prado y el paseig de Gracia para exigir al Gobierno que los proteja de Amazon? Que respondan los taxistas…

Se calcula que dentro de esos 20-30 años aludidos el 70 por ciento de las profesiones actuales no existirán, que si algo se pronostica como imposible, sucederá. Hace 12 años nadie hubiera entendido que unos tipos que se darían en llamar community manager, se ocuparan de escribir contenidos en unas redes sociales, ¿redes qué…? en sustitución de los titulares de las cuentas; ni que hackers estuviesen a sueldo de multinacionales como policías de la ciberseguridad corporativa.

Para no verse arrollado por la competencia se debe recurrir a la imaginación, a la creatividad y a la inversión en modernizar los activos técnicos y humanos de las organizaciones, no basta con la mera exhibición del carné de socio número uno, ni con acreditar que lo de siempre no necesita ser modificado si ¿funciona?. En algunas ciudades se han constituido plataformas de taxis que han copiado la tecnología de Uber y que permiten una contratación digitaliza, pero lo que no parece razonable es la exigencia española de proteccionismo a cambio de inmovilismo. El soy taxista de toda la vida ya no sirve como argumento justificativo de la actual parálisis y por encima de licencias, de porcentajes, de sostenibilidad familiar, está esa evolución que disecará a los taxis en el museo de la historia cuando esta generación de iracundos conductores esté ya jubilada.

Mientras tanto, mientras impere lo pusilánime, las calles, don Manuel, han dejado de ser suyas y pasado en propiedad a los taxistas.

 

 

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s