Juanma Velasco

Un espacio sin cortinas de humo

MENTIR Y MENTIR, Y VOLVER A MENTIR

Deja un comentario

Publicado en Levante de Castelló el 8 de agosto de 2018

 

La fidelidad hacia un líder, en política, no es sino una variante supervivencial de la subordinación que a menudo anula el criterio del sumiso en función del exhibido por el líder.  Los arabescos verbales y argumentales que fabrican los vasallos de Casado (jamás lo aludiré como Pablo) para minimizar el desorden académico y a todas luces fraudulento del recientemente nombrado comandante de unos Populares cada vez más impopulares, resultan bochornosos de envoltorio y de raíz.  Tertulianos, miembros de la ejecutiva, doctrinarios de la derecha que pugna por resituarse de nuevo a la derecha de Ciudadanos y aspirantes a ocupar alguna regalía de futuro caminan sobre el alambre no solo del ridículo sino del rechazo social y electoral por defender a alguien que pretende aparentar como rinoceronte sin llegar siquiera a jabalí.

Mantienen los Populares la ultranza del prietas las filas. Es una virtud histórica de partido, de ideología, de facción, de raich menor. A esos mismos que les ha dado ahora por calificar, acusar incluso, a la jueza que instruye el caso del máster como obsesiva en su persecución a Casado, no los hemos escuchado declarar lo mismo a propósito de Llarena en su cacería hacia los líderes independentistas y a todo lo que no huela a España con mayúsculas cañís. El juez inquisidor ha retorcido la ley hasta la náusea para retener en prisión a los catalanes detenidos, sin juicio, en uno de los episodios de ideologización de la Justicia más devastadores para la libertad de expresión de la democracia española. Debe ser la consigna pergeñada por la cocina de mantras conservadora, de habitual guionizada por la manipulación emocional de las masas en beneficio de la gloria de sus líderes, ineptos, cuando menos, para la empatía con el desfavorecido por el determinismo.

La estrategia pasa por desprestigiar al acusador al tiempo que se pasa de puntillas, o no se pasa, sobre el delito, todavía presunto. Esta deformación de la realidad acaba por cotizar como verdad en el subconsciente primero y después en el consciente de cada uno de los subsidiarios que tienen que agradecer a Casado su confianza o hacer méritos, acumulando ladridos, para obtenerla.

Rezuma en el advenido líder una de esas reluctancias permanentes a todo aquel que no utiliza camisa de manga larga incluso en las noches tórridas de verano. En lo que a mí concierne, el fraudulento me provoca una arcada intelectual de desesperanza en la condición humana, en concreto en aquella faceta de la reiteración del yerro, de la elección a sabiendas de un tipo con suciedad en el expediente que si fue capaz de falsificar su sabiduría sin ruborizarse sería capaz de firmar una sentencia de muerte sonriendo al tendido sin siquiera haber restaurado la pena de muerte, máxime si el condenado es negro, podemita o venezolano.

Los culpables de que Casado se haya convertido en protagonista de informativos y de conversaciones no son sino los compromisarios que prevaricaron electoralmente para su elección porque sabían que escogían a un tipo poco de fiar, quizá como los propios que le donaron el sí, un tipo increíble en sus capacidades académicas capaz de aprobar asignaturas a la velocidad de los rumores y de hacer constar como posgrado de Harvard, un cursillo en Aravaca.  Pero lo escogieron, para regenerar (estalla una carcajada indefinida de procedencia), para contraponer su ira discursiva hacia quienes sienten unos mínimos de aprecio por los semejantes que no son de la estirpe.

Se citan en Casado tres fraudes académicos que tachonan su currículo con la arrogancia de quien se cree escogido para preponderar. De un lado el inverosímil máster del que ha dado todas las generalidades explicativas, todas las superficialidades retóricas y ninguna de las singularidades que pudieran desmentir tantas sospechas de amaño, de tongo como concurren. Aquí tengo los trabajos, manifestó ufano ante la prensa, pero los exhibió de lejos, como un tocomocho visual con los gusanillos, los títulos y un interior seguro tatuado con billetes de veinte duros. Habida cuenta del desparpajo de Cifuentes en mentir mientras se hacía la manicura, de las docenas de irregularidades levantadas, en unos y otros, en anónimos y populares Populares, por la factoría de donaciones de master a cargo de el padre prior del escándalo, Alvárez Conde, no queda un solo resquicio para la indulgencia de la duda con el máster del pequeño aspirante a dictador de sonrisa plateada. Si hubiera sido honesta su consecución, los argumentos y las pruebas no necesitarían de la reiteración de la mentira para demostrarla. Ayer mismo comenzó Casado a mencionar a la prescripción.

Figuran también en su currículo unos estudios de posgrado de Harvard obtenidos en el desglamour de Aravaca; 2000 euros por cuatro días, un pastizal que no recuerda, curiosamente, si satisfizo él o procedía de alguna beca de la Comunidad de Madrid para sus diputados de entonces. ¿Alguna duda de la procedencia de la pasta? Pese a tal desdoro geográfico, pese a pertenecer el distrito de Aravaca a Madrid, ha preferido hacer prevalecer lo norteamericano para impresionar a quienes miden la vida por el fulgor del maquillaje.

Y en tercer lugar (conocido) está su licenciatura exprés, tan solo al alcance de una docena de privilegiados en la historia universitaria de la humanidad.  Capaz de aprobar doce asignaturas en un año, de las cuales seis las ventiló en el periodo de junio a septiembre. Cualquier chascarrillo a propósito de esta insolencia académica podría empañar la desnudez del hito. Baste lo inverosímil de la temporalidad para fotografiar el dolo.

Y aun así, con tanta mercancía curricular contaminada (insultante para la mayoría de estudiantes que obtiene sus titulaciones sin la plusvalía del ventajismo) circulando sin tapujos por los medios cuando el concilio de los Populares, Casado fue escogido líder por los muchos enemigos que se había ganado la repelencia ortodoxa, impenitente, de la ya no tan niña Soraya. Una vez investido como capataz de lo retrógrado, comenzó a sonreír, con rictus hernandiano, despreciativo pues, cuando se le preguntaba por la nadería de su máster. Soy Casado y he llegado a la cumbre, miserables, parecía y parece subyacer en cada alocución, en cada ínterin de las palabras cargadas del amonal de quienes se han visto desplazados del poder legislativo.

Ahora, con la amenaza de un Tribunal Supremo superponiéndose al vergonzante privilegio medieval del aforamiento, la sonrisa ensayada del sucesor no luce tan engominada. Algo más que un sustrato de antiejemplaridad desluce los alegatos de Casado, imagino que incluso entre esos suyos que no repararán en que fueron ellos quienes eligieron a aquel del que quizá solo renieguen en la intimidad, cuando ni su propio alter ego los pueda escuchar.

Mis desprecios, Casado, por sostener tu legalidad académica sin enmendarte, por hacer de la mentira tu máxima seña de identidad. Añádela a la corrupción, como tú mismo declaraste cuando la querías como tal para tu partido.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s