Juanma Velasco

Un espacio sin cortinas de humo

UN DÍA DE AGOSTO NO SABES QUÉ HORA ES

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Publicado en Levante de Castelló el 22 de agosto de 2018

 

Un día cualquiera no sabes qué hora es, así comenzaba la ya legendaria canción de Nacha Pop. La hora quizá no la supiera el compositor, pero el día debía ser de agosto. Un día cualquiera y no sabes sobre qué escribir, ni el tono a utilizar. Es agosto, tú sí puedes dar fe de ello, agosto y hoy. Te debates entre acudir a la banalidad o mantener el discurso de la defensa de lo que te habita o te corroe porque el frentismo sigue activo en los patriotas carasoleados por el bronceado y lo metafórico, no descansa tampoco en el mes de las calmas estructurales.

Pasado el predominio infernal de lo africano en materia atmosférica, el calor exhibe una templanza que en algunos pueblos de Castilla (Villaceid, León; Duruelo de la Sierra, Soria) ya hace bueno aquello del frío en rostro y ha comenzado a helar, sí a helar, hasta los -3 (el 17) se alcanzaron en el pueblo leonés, tan modesto en altitud (1016 m) como en padrón (50 hab.), pero con una orografía estratégica para almacenar el frío. Sin dudarlo, la leonesa es la localidad monitorizada más fría de la patria suya durante los meses de verano. Existen otros parajes que todavía lo son más, en Cuenca, en los Montes Universales, uno conocido como el llano de la Vasequilla, alcanzó este mes de julio recién ordeñado los 15 días de helada, una cifra que quizá pocos profanos crean, pero que está tomada con el celo exquisito de quienes se han pateado España a la búsqueda de sus polos del frío. Bienaventurados los frikis, porque se amparan en la ciencia y en el entusiasmo.

La procrastinación agosteña me lleva a Yemen y compruebo, siempre a través de lecturas ajenas, a menudo de agencia, deformadas pues por el manoseo, la traducción y el sesgo de los redactores, la continuidad en la muerte de niños ocasionada por un conflicto que apenas sí ocupa espacio en los informativos porque quien bombardea a diario es Arabia Saudí y sus élites, aun siendo las más retrógradas del planeta en materia de homofobia, sexismo y libertades, son de las más pudientes en  un capital abastecido por un petróleo que no cesa, un petróleo que en los años 70, los expertos de entonces, profetizaban una duración máxima de 40 años y ahora, sobrepasados diez, los expertos actuales sitúan el peak oil dentro de otros 40. Tras los talibanes, el dueto Putin-Trump, la nueva ejecutiva del PP, las peñas taurinas, las feministas ultras y los comentaristas deportivos (no sabría discernir en qué orden), aparecen los expertos, en genérico, como el colectivo más dañino para la humanidad.

La hipocresía y el capitalismo van de la mano en un escenario occidental donde las acciones desmienten a las declaraciones, el mismo en el que PP, PSOE, Ciudadanos y el muñecón de Felipe VI se esfuerzan en exhibir ante las cámaras su expresión más contrita en el homenaje a una víctimas del terrorismo yihadista, pocas, en territorio español, de las que lo desconocen todo salvo las generalidades que les pasan sus asesores y que intentarán memorizar o ni siquiera, mientras no muestran rubor alguno al estrechar las manos de los miembros de la casa de Saúd para vender aviones, balas, obuses y su dignidad como estadistas convertidos en ratas de la política. Después, o antes, da lo mismo, cuando le acerquen un micro al protonazi de Pablo Casado, al egomaníaco de Rivera o al levitador de Sánchez manifestarán que el dolor, que la patria, que si fuera los niggers (la acepción más peyorativa de negro en EE.UU)  de España (los dos primeros) y otros si eso, que ya tal, lo estudiaremos, mientras desoyen los llantos de las madres y abuelas de los niños de Yemen alcanzados por metralla española vendida por empresas de Morenés, el ministro que entró en política, como tantos, desconozco si para forrarse o para forrarse más.

Los que creen ser magos de la política, esos a los que demasiados tomamos por mediocres arribistas que han conseguido escalar las pirámides de sus respectivas jerarquías de partido hasta situarse en sus vértices, sostienen, como los expertos que creen ser, que hay que actuar sobre África, que hay que implementar políticas de desarrollo en los propios países de origen para que esos niggers no migren y mantengan su miseria en sus territorios. Una vez más, los expertos ridiculizándose a sí mismos, contaminado con sus obviedades los determinismos, porque sin dinero para invertir, todo es boca, todos se convierten en bocazas de bar al exponer lo mismo que una gran mayoría de la población expresa tras la segunda cerveza. Las únicas aportaciones que hace Occidente en África, más allá de explotaciones aisladas para el lucro personal de quien las lleva a cabo, son en forma de armamento, ahí sí que andan prestos los países evolucionados para penetrar en el mercado africano; prestos y silenciosos, porque escuchamos menciones ufanadas a la presencia española en el AVE Medina-La Meca y otras hazañas de la ingeniería, pero las transacciones armamentísticas no reciben publicidad alguna, salgo las negativas de algún periódico díscolo,  a pesar de reportar beneficios sólidos a la economía española y del resto de países fabricantes de armas.

El escoraje de la columna hacia la denuncia impotente de todas las semanas me ha alejado de las calmas de agosto, ese mes, este, en el que los resultados de la operación bikini han retrocedido hasta la línea Maginot del invierno anterior, el mes en el que las noticias duran un día entero, algunas dos; el mismo mes que desvirtúa la despoblación rural porque ofrece un atestamiento de los pueblos que al forastero le parece suficiente como para Pepinillos de la Sierra que no se extinga como pueblo, con lo fresquito que se duerme y lo excelsa que suena la banda…del pueblo vecino.

El hedor disyuntivo y belicoso de los que quieren conservar a España como la dejó un Franco que aparece demasiado en tertulias, chascarrillos y columnas del último año, enaltecido por demasiados y tolerado por los patriotas que retiran los lazos amarillos, sobrevuela en una atmósfera urticante para quienes no nos adecuamos a lo establecido por los padres de una Constitución parida para contentar a todos y que decidió que el rey fuera inviolable. Solo por ese detalle, y por el de los aforamientos (y tantos otros) ya merece la Ley Suprema ninguno de mis respetos, máxime cuando ni un PSOE tan “guay” como su líder ni menos un PP tan belicista como el nuevo suyo han apuntado un solo indicio de reforma. Miento, el PSOE sí, cuando era oposición, pero todo lo que ladró entonces lo calla ahora.

Volverán las tormentas finiagosteñas, los veraneantes retornarán a la España ocupada y la vacía bostezará de olvido apenas ya en septiembre, cuando las heladas se intensifiquen en los municipios citados y con una manta no baste para las noches. Pero se trata de ir viviendo, sin reparar en la hora que va siendo, con alguna sonrisa de más, sin olvidar a la cerveza.

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