Juanma Velasco

Un espacio sin cortinas de humo

EN MANOS DE MESÍAS

Deja un comentario

Publicado en Levante de Castelló el 19 de septiembre de 2018

 

En París, en 1887, un movimiento de oposición irrumpió cuando se comenzó a levantar una torre Eiffel que apenas erigida se convirtió en uno de los iconos arquitectónicos más universales del planeta.

Vecinos, asociaciones, intelectuales y, cómo no, políticos parisinos, lanzaban invectivas contra el levantamiento de un armatroste metálico que afirmaba ejemplificar al progreso y a los nuevos tiempos. No queremos que altere la homogeneidad de nuestro urbanismo, no permitamos injerencias estéticas que nos rompan el orden de nuestros abuelos; eso no es progreso, es un atentado visual, voceaban gentes atildadas con levitas, monóculos, bombines y bastones intentando sacudir las conciencias de los menos ilustrados.

Desoyendo a los recalcitrantes, los mismos que debieron oponerse al coche, al tranvía, incluso al ferrocarril en cada momento de la historia, los avanzados no cejaron en su empuje constructivo y en dos años y dos meses, la Tour de los 300 metros, así bautizada de inicio, un año más tarde de lo previsto y duplicado el presupuesto de ejecución (el hombre no ha cambiado demasiado en lo esencial), señoreó sobre una ciudad que se volvía a presentar al planeta en la Exposición Universal de 1889. París se identificó de inmediato con su símbolo y un entusiasmo ¿populista? acalló a los voceros meapilas que clamaban a dios para que enviara una epidemia de rayos que chamuscara la Torre que acabaría siendo de Eiffel.

El introito va por vosotros, Casados y Riveras, y vuestra cohorte de lameposaderas a sueldo a cambio de sus aquiescencias para con vosotros. Vuestra condición de carroñeros de la moralidad, de diosecillos de lo surrealista, vuestra mala hostia vital, sin ambages, sin conciliaciones con quienes no levantan sus brazos, marcialmente, por encima de los hombros, me hace propender al descarrío verbal, a la grafismo del insulto, pero procuraré controlar mi mala baba excitada de más cuando os escucho las soplapolleces que en nombre de la Constitución paleolítica y de un rey pasmado arengáis hasta la náusea fomentando la belicosidad social, con las muecas crispadas, con las tiranías en flor, con vuestra prosa inflamada de calumnias (hoy me pongo a vuestra altura) y frontalidad hacia cualquier idea que no provenga de vosotros y de vuestra estirpe de esos pistoleros agraciados sin concurso con las concesiones enriquecedoras tras la Guerra Civil y que todavía conservan.

¿Te escuchas a ti mismo, Casado, después de declarar idioteces que no atino a elucidar si son urdidas en tu marmita oligopólica o en las de tus asesores? ¿Te revisas o te quedas con la versión en bruto de tu elitismo discursivo, con la arrogancia de no variar un ápice de tus desvaríos de grandeza, con ese engremiento aznariano al que tan fiel persistes? Cuando nos alientas a exclamar “viva el rey” en cada cotidianidad, retornando a la sumisión de la Edad Media, o de tu seguro idolatrado Fernando VII, o cualesquiera de los Austrias o Borbones, puteros, hemofílicos, ineptos, corruptos, insensibles con las dolencias múltiples de la plebe, ¿lo discurseas bajo los mismos psicotrópicos que los que inhala o engulle Rivera cuando alude al absolutismo español de su visión o tus sustancias para apuntalar frivolidades son de fabricación propia?

¿Eso eres tú? ¿Ese treintañero con las entrañas moldeadas a lo suyo que exige purismo a los demás cuando te circunda un ejército de proezas académicas que ni siquiera los fabuladores de las leyendas de Kim-il-Sum se atreverían a incluir en su relación de prodigios?  No me descubro nada nuevo si execro, públicamente, de tu perfil arribista, de tus escrúpulos bajo cero, si me cisco en el monolitismo de una patria cristiana que solo se querella, a través de tus abogados afines, contra los ateos cuando defecan sobre Dios, pero no sobre los curas que invaden los recovecos más íntimos de los niños, o sobre algún obispo que declara sentirse provocado por su mera presencia. Si esos, los cristianos, son ciertamente tus abogados, si esa, la rancia, la de las casullas, los toros y las procesiones sigue siendo tu patria pese a tus treinta y tantos, no quieras que tu bandera me represente, que respete a tu rey inviolable o que me atirante de músculos cuando escuche el himno que también resucitó tu amable dictador, ese al que no solo no has repudiado en voz alta, sino que pareces complacerte, predador como te advierto, en sus métodos y sus glorias.

En ti todo tiende a represalia, a orden añejo, a clasicismo, a la postura del misionero (en las esferas públicas, desconozco tus perversiones privadas, pero espero que no ronden las de demasiados eclesiásticos tenido por provectos), a bombardeo, a intervención por si acaso las libertades que perseguimos los utópicos te ridiculizarán al conseguirlas pese a tus laureles impostados.

¿Cómo puedes ser tan nauseabundo en la esencia de tus proclamas y tan ridículo al pasarlas a palabra? ¿Viva el rey? Serás simple. ¿Por qué? ¿Para que os inhibáis como ratas cuando al abuelo putañero lo han cazado con los testaferros en la mano y os neguéis, cuando menos, a una inservible comisión de investigación? Revisa tus gilipolleces declarativas y entiende que al final la Torre Eiffel siempre se acaba erigiendo a pesar de tipos como tú, que probablemente tuvieras algún antepasado francés que vociferaba tan amorfo como tú en contra de aquella pretendida subversión que la Torre propiciaba en la grandeur tradicional del país vecino.

Y no te olvides de continuar señalando las pajas en el ojo ajeno, aduciendo que tus superpoderes universitarios te los dio tu dios, que tu honradez la adquiriste entre los detritos del disco duro treinta y cinco veces martilleado en tu sede social y silenciando que tu ideología te hubiera depositado muy arriba en el escalafón de las SS. Pero ahora también nos miras desde arriba, con el uniforme de cinismo, desde la derecha de Aznar, tu mentor y tu espejo, alguien a quien despreciar por tanto, por todo, por lo que calla y por lo que delira. Nunca pensé que escribiría “vuelve, Mariano”, pero la arrogancia exclusivista de tu delfinado me ha hecho aflorar la nostalgia por el gallego torpe.

Y a ti, Rivera, señorito pijo de la Barcelona acharnegada que defiendes tus raíces españolas como el único bastión de tu condición de trepa, poco que añadirte pues mi diatriba hacia tu coetáneo Popular, ese al que codearás en campaña, pero con el que podrías compartir euforizantes e idearios, encaja con tu condición de hombre en permanente estado de redefinición, líder de un partido que pasa su tiempo entre micrófonos, platicando bonito, vacío, en ocasiones kafkiano para besarse en la boca por  lo bien que le han enseñado a declamar.

Sigue contando españoles como aquel que contaba calorías, sigue nutriéndote electoramente de gentes de un perfil académico medio bajo o bajo bajo, fácilmente sugestionables con los iconos identitarios de lo inamovible. Sigue practicando tu onanismo electoral y si por fin has encontrado el personaje que más votos te proporcione, comienza a estudiar para convertirte en un hombre de provecho, como te dirían tus padres, para que de ese modo no tengas que mentir en tu currículo y modificar, también en él, fiel a tus vicios, aquel que hubieras querido ser y no el que solo quedó en una pantomima de buen afeitar.

Confío en que la Torre española acabe por levantarse, aunque sea también, también, doblando el presupuesto. Se me antojaría poco siento esto España.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s