Juanma Velasco

Un espacio sin cortinas de humo

LA GUERRA INTERMINABLE

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Publicado en Levante de Castelló el 3 de octubre de 2018

 

La vida pasa, demasiado cruda, y todo tiende a la entropía, al desorden de un sistema que, por complejo, es incapaz de resolver los conflictos que su propia complejidad va creando. Un año después de un 1-O que hizo aflorar la mentalidad represora de un país gobernado entonces por nostálgicos de los bombardeos y lo sumarísimo, y ahora por una izquierda tan dubitativa que sigue aplaudiendo a la monarquía, que pregona que va a hacer, pero que apenas si maquilla lo flagrante, frágil de aritmética para afrontar cualquier reforma de una Constitución purulenta, las posturas se mantienen encastilladas en el crescendo de una aversión recíproca que paraliza y encona, que disuelve expectativas y engorda odios bilaterales.

Son los ayuntamientos catalanes quienes parecen haber hecho frente al bloqueo de la Generalitat de Cataluña, extraviada en un manglar de facciones, controversias, disputas y, en definitiva, en una inacción legislativa incapaz de mejorar la textura del asfalto que pisan los catalanes de cualquier índole. Sin embargo, la inercia capitalista globalizada, en manos de la iniciativa privada, mantiene su velocidad de progreso sin acusar el deterioro de la acción política. Cataluña, pese a su intervención primero en forma de capricho constitucional y después por el parón institucional que todavía perdura, no aparece como una región orillada de la prosperidad, sumida en un caos administrativo; no, más bien al contrario, pese a la propaganda del neorégimen español, de las miles de empresas ausentadas de allí que, extrañamente, no han dejado de ser gestionadas desde aquel territorio, mantiene unos índices de prosperidad y crecimiento que para sí querrían aquellas comunidades autónomas que nutrieron de emigrantes a Cataluña y que ahora la pretenden española por los cinco costados, paradojas te da la vida.

Al hilo del reciente aniversario del 1-O se entromete en la reflexión mi fijación perniciosa hacia Casado en su condición de neofilonazi, o posfranquisa. Me reafirmé en mi dureza calificativa hace un par de días cuando su intervención en el foro ABC-Deloitte, un espacio de totalitarismo sin concesiones a quienes mantienen ideas diferentes. Su discurso, intachable de exposición, con la dicción firme de los dictadores (me inclino por su uso de un teleprompter doble para parecer que lo devanaba desde dentro, sin leerlo), no dejaba ni un solo resquicio a la negociación, al intercambio, a la simetría de prevalencias, a buscar ese término medio que no satisface a las partes, pero que beneficia al todo y que se antoja el único equilibrio capaz de abortar la escalada de animadversión.

Un líder que muestra, sin pudor alguno, el cuchillo entre los dientes para desgarrar a los diferentes da que pensar acerca la condición humana. Casado abogó por calzarse las botas con puntera de hierro y comenzar a repartir hostias constitucionales a todo el que contravenga la ambigüedad interpretable, acomodaticia de una Ley arqueológica que hubiera debido ser reformada y adaptada al presente desde hace milenios figurados. La perversidad garantista de lo ambiguo subyace en demasiados apartados de aquel apaño consensuado del 78 y posibilita a los que la blanden desarrollar, por ejemplo, un 155-2 desde las escasas 70 palabras de su redacción original. Una recentralización de las competencias, un fortalecimiento del yo frente al debilitamiento del vosotros es lo que le excita las comisuras a Casado y las vuelve blanquecinas, abyectas, inflamadas en esa saliva venenosa que se les pone a los intransigentes cuando huelen en exceso a libertad ajena.

Su belicosidad no se presume solo verbal porque no parece de los que flaquean a la hora de firmar sentencias de muerte ni de invadir cualquier Polonia por si acaso. A quienes nos tenemos por defensores de esas libertades ajenas que tanto maltraen a Casado y a sus huestes, a quienes admitimos que cada uno derive en quien no quiere ser, dejando de lado los yugos que otros impusieron y que aluden como Ley incuestionable; a quienes entendemos que la geología prevalece sobre la ridiculez temporal de patrias de 500 años, a quienes nos complace lo evolutivo siempre que sea mancomunado, al menos mayoritario, fulanos como Casado nos producen la urticaria del rechazo frontal, una animadversión pareja a la de Obiang o Fidel Castro, sean los dictadores de izquierdas o derechas, olvidados o activos.

Retornando a Cataluña, ese gran sumidero recurrente de opiniones, incluida la propia, me atrevo a decir que cada día se parece menos a España, que su desconexión progresiva, generacional supone un hecho constatado porque las bases de la pirámide poblacional con criterio ideológico son abrumadoramente separatistas. Sucederá en cinco, veintitrés, treinta y ocho años, pero sucederá la independencia como única conclusión posible; muertos todos los inmigrantes que sustentan el españolismo, muertos Casados y Riveras, no quedará nadie para dar el coñazo patriótico con una bandera que enorgullece poco por allí ni para tararear un himno que hace tiempo que dejó de ser un hit-parade en las collas de castellers.

Por si los catalanes no tuvieran suficiente mixtura con los popularmente conocidos como charnegos, otro, elitista este, un francés fracasado en su patria, Manuel Valls, aunque accidentalmente nacido en Barcelona, denostado por los suyos, ausente en las treinta últimas sesiones de su parlamento, pretende atracar en el ayuntamiento de Barcelona para sacudirse su frustración de haberse convertido en un doncasinadie habiéndose creído un casitodo. Con el aplauso momentáneo de Arrimadas y Rivera (que deberán también presentar candidato de siglas), dos hijos de inmigrantes que un día fueron acogidos en esta Cataluña a la que pretenden mantener como sucursal de Castilla.

Franceses fueron los Borbones y aún perduran sus genes depravados en la pirámide de la inviolabilidad. Imagino que pocos catalanes caerán en la provocación electoral, legítima, faltaría más, de apostar por un francés comprometido consigo mismo que con seguridad levantará el vuelo y retornará a su maison si solo es escogido concejal raso. Un bochorno más que sumar a la quijotesca labor de un líder de Ciudadanos que se está planteando desnudarse de nuevo, pese a sus kilos de más, para atraer la atención de señoras de mediana edad para que lo vean no ya como un yerno sino como un amante.

La vida demorándose; fatigosos los proyectos; enrevesados los trámites; desaparecida la simplicidad; multiplicados los escollos, múltiples los estímulos a los que atender, superficialmente; efímeros los éxitos; mínimas las satisfacciones.

Así nos urden, nos enconan, nos azuzan unos medios que son los únicos notarios con eco de lo que sucede en nuestros días, los auténticos forjadores de nuestra ideología; medios tutelados, salvo una minoría, por la dictadura de los consejos de administración de bancos y otras multinacionales, medios que mecen nuestras cunas y son mecidos por manos gigantescas que rentabilizan nuestras guerras ideológicas en beneficio propio.

El hombre siempre acaba reinventando sus campos de batalla, reasentándose también en los antiguos; la guerra sigue siendo el mejor de los negocios y a ella nos abocan quienes nos saben manipulables; guerras sin sangre, pero guerras a la postre. Quizá vivir consista en guerrear cada día sin tener consciencia de ello.

 

 

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