Juanma Velasco

Un espacio sin cortinas de humo

¿DE PUEBLO? ¿SEGURO?

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Publicado en Levante de Castelló el 3 de abril de 2019

 

Eh, tú, sí, a ti te escribo, pueblerino, date la vuelta. ¿No me lees? ¿O acaso no te acabes de reconocer cuando te aluden como (eh, tú, sí, otra vez yo) Casado, el de pueblo?

No creí que pudieras superar tus intervenciones anteriores, exudando a mentira, a histrionismo, a suficiencia, mostrando a distancia trabajos de fin de máster que a los que no dejaste aproximar el zoom, exhibiendo posgrados en Harvard que resultaron ser cursillos en Aravaca satisfechos por mamá Comunidad de Madrid.

Sí, te sigo requiriendo a ti, a que te encares con quienes no te aplauden en los mítines, a quienes como a mí nos repugna tu arrogancia belicosa, tu sentido potestativo de una patria que huele a las mismas cunetas compactadas que siguen recubriendo a Federico y a miles que, como él, disintieron de aquellos a los que pareces seguir admirando. Pero sigues sin leerme, quizá el mentir, una vez más, sobre que eres de pueblo te limite el entendimiento. Porque…eres de pueblo, ¿verdad? Aunque nacieras en Palencia ciudad. ¿O acaso consideras a esa capital como un pueblo, de los despectivos, de esos en los que hiela más de cien días al año, incluso en junio?

Tu sentido de la desfachatez solo tiene parangón con el de tu desvergüenza de niño pijo, caprichoso, arribista, con tu gen de mala gente que no has podido heredar de tus ancestros, porque ellos son los que realmente nacieron en los pueblos ahora vacíos, o vaciados, porque los señoritos como tú se largaron bien prontito a Madrid a cursar habilidades de liderazgo para aprender a cortar yugulares llegado el momento de imperar.

Curiosamente, te has convertido a “de pueblo” cuando los pocos que en puridad residen en ellos se han atomizado en Madrid para parecer muchos y unificados. Ha sido entonces cuando tú y los de tu ralea, no me dejo a Rivera, ni a Abascales, habéis intentado capitalizar las emociones rurales y habéis prometido erigir rascacielos en Duruelo de la Sierra, abrir casinos en Griegos y proponer candidatura olímpica para Requejo o Salientes del Alto Sil..

Eres de pueblo porque según tu crónica, veraneabas en Matadeón de los Oteros. Puede que fueras algún finde, no lo niego, o cuatro días por agosto; puestos a especular, también puedo hacerlo yo desconociendo los detalles, pero me apuesto un cuartillo de vino que ya no te quedabas cuando la patrona, la Virgen de la Zarza, en septiembre, por el 8, porque tendrías que incorporarte a los Maristas, o al cole british de UK en octavo, o peregrinando después por universidades privadas en busca de ese título de derecho que tus superpoderes te permitieron obtener en un par de tardes distraídas, o de cuatrimestres, qué más da si miento, o si exagero, nunca llegaré a tu nivel en la tergiversación.

De pueblo, claro. Y tu partido: rural, como te has apresurado a calificarlo después de que a quienes no vivimos en pueblo alguno (aunque lo hayamos hecho) se nos helara la calefacción al comprender, mucho antes de la manifestación del domingo, que el cáncer es terminal en demasiadas áreas de tu España cañí, de esa que votaba PP y a la que le prestasteis cuando tu Aznar, cuando tu menos Mariano señoreaban, la misma atención que le concedes a los neveros de las Fuentes Carrionas en junio.

Pero sois rurales, claro: de boquilla, de parlamentos. Y lo declamas sin ruborizarte. Con el tiempo has adquirido la misma capacidad que los pulpos para mimetizarte con la mentira que convenga en cada momento, sin balbucear, sin perder el compás del discurso, poniendo más énfasis cuando más mientes, sonriendo más abierto cuando más falseas. Esa habilidad no te la debieron enseñar en Aravaca, ni en un Matadeón donde sus niños, los auténticos pueblerinos a los que habrás denostado tantas veces tras segundo gintonic excitando tu bravuconería innata, te debieron perseguir para arrojarte, merecidamente, al abrevadero, al lavadero o alguna piedra volandera por tu condición de aspirante a fanfarrón, a señorito con aires de inhalar mundos ya a los ocho, diez, trece años, cuando fuese.

De pueblo son ellos, fulano, bocazas, mentiroso sin ambages, compulsivo, además. Ellos y no tú. Ellos son los paisanos de tus antepasados (a la postre la inmensa mayoría de los abuelos nacieron en un pueblo y lo tuyo no es un distintivo, sí, los cuatro míos también) que bregan con la cellisca, con el olvido, con la ausencia de wifi que de sufrirla tú en tu despacho molón de Génova durante cinco minutos ordenarías fusilar al jefe de informática sin tenerle en cuenta, en sus alegaciones para evitar tu paredón, los treinta y cinco mil martillazos que tuvo que hacer impactar contra aquellos discos duros que se rompieron solos.

Sigues sin volverte, Casado, porque de la misma manera que aludes despectivamente “Sánchez” para nombrar al presidente, jamás te llamaré Pablo porque no mereces que te concede siquiera el beneficio de la familiaridad, pese a formar parte de mi paisaje informativo a mi pesar.

Al margen de tu idiotez al calificarte como de pueblo habiendo nacido y vivido en ciudad, en ciudades, mejor cuanto más anchas, se percibe que no eres uno de los suyos, uno de los que sostienen a esa España rural que se muere de vieja y de sencilla, como casi diría el rojo de Miguel Hernández, porque ellos se conducen más nobles, porque su sentido de la patria no se lo dan, como a ti,  los militares, ni los Reyes Católicos (que bien que fornicaban sin reservas), ni las invasiones constitucionales de territorios que no quieren que tú les gobiernes, por bien que tararees el himno de tu España casposa, taurina y cazadora, repelente al progreso. No, no puedes ser de pueblo si articulas tan sucio, si no distingues un ajo de una enredadera, si no identificas un buitre de un sapo, si ni siquiera sabes que viento hace llover en cada aldea que el PP ha construido ¿sería derruido? según tu facundia

Sí, te sigo escribiendo a ti, impostor de la palabra y de la idea. Eres uno de esos fraudes con micrófono que ha purgado a los diferentes, incluso y sobremanera a los supuestamente tuyos, para escuchar mejor el eco de las palmas y las loas que los supervivientes orientan a ese narciso, tú, del que me avergüenzo que pueda disponer de parte de esta España a la que tus correligionarios de antes han venido vaciando a la par que saqueaban la otra.

De pueblo. Cuando te vuelvas a atribuir este gentilicio generalista, Casado, mentecato (ya que te gustan los insultos pasados de moda), mírate a los ojos trajeado de Armani o derivados y resístete la mirada unos segundos. Si te la sostienes, no dudo de que sí, estás preparado para emular a Goebbels.

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