Juanma Velasco

Un espacio sin cortinas de humo

TÚ NO ESCOGES, TÚ SOLO RATIFICAS

2 comentarios

Publicado en Levante de Castelló

 

Los ignoré. A los cuatro. Salvo tres minutos, justo cuando la publicidad en el canal de deportes donde transcurre el campeonato de mundo de snooker, desde del legendario Cruzible, todavía anonadado tras enterarme de que la última tendencia en filtros de fotos para tonos de iris es el gris negro y que no pocas chicas procesan sus fotos para parecerse a quien van dejando de ser cuando suben una imagen suya a Face, a Instagram.

Cuando escribo solo ha tenido lugar el primero de los debates. Me he prometido no pecar siquiera con esos tres minutos de extrema curiosidad en el de hoy martes. Bastaron esos primeros y únicos ciento ochenta segundos aludidos para comprobar lo envejecido que está Sánchez, la escasez de recursos estilísticos de un Casado que repitió infantilmente tres veces “romper España”, como si las geografías se pudieran romper con un taladro, como si no hubiese existido Pangea; la condición acusica de Rivera, enviado especial de algunos sectores del dinero, constatadas en trastienda algunas de sus adicciones, mostrando fotos para entibar sus cargas, bien afeitado, como suele (a su favor eso), y el giro un tanto pueril de un Iglesias que se está poniendo cachazudo con los años y  que debió jurar la Constitución antes de entrar en el plató.

Tres minutos y el vómito imaginario provocado por las antípodas de mi ideal de política y políticos afloró proveniente de la región estomacal donde se apelotona la tristeza frustrada de los utópicos de fondo. Mismos mensajes, misma demagogia, mismos exorcismos, aliñados con una gesticulación que pretendían convincente y que solo era pomposa; con una dicción que intentaban compacta pero que les salía con un deje de falsedad indiscernible de la verdad. Tres minutos y de vuelta a Mark Shelby, tres veces campeón del mundo.

Bastaron esos tres minutos para testear la estupidez humana por someterse a los roles televisivos ensayados de tres lagarteranos y medio (Iglesias, su discurso, la puesta en práctica del ideario que impera municipalmente en Madrid y Barcelona, con resultados apoteósicos para la higiene democrática, me sigue pareciendo el más coherente del cuarteto), como si uno no fuera a mostrar su mejor versión cuando lo ven millones, como si alguno de quienes me leen no se hubiera guardado sus verdades, sus zozobras, sus grisallas  cuando lo han entrevistado en alguna emisora o ha aparecido en el periódico con la sonrisa del payaso al que se le acaba de morir su padre.

Me parece catastrófico para la inteligencia, para la atrofia de la capacidad de raciocinio individual, que las televisiones, ayer una, hoy otra, monten su circo del Sol particular y retransmitan el antes y el después con todo lujo de comentaristas y boutades de llegadas y partidas; de ternos y cortejos; de poses y de partenaires.

Y como desde que tengo uso de razón electoral, los medios y sus pretorianos continúan aventando que estas sí son las elecciones más decisivas, que las anteriores no tanto, y menos las de hace veinte años, que aquellas eran de juguete, o de peluche; que en estas nos jugamos el mañana y el eón que viene, el colonizar Urano desde España. También asaetean con que si los bloques se sobreelevan a los partidos, que estas sí, insisten; que se hace más necesario que nunca votar y votar y volver a votar. Los mismos mantras que hace dos, cuatro, veintitrés años; los mismos trucos para ganar audiencias o votantes; las mismas hipocresías exteriorizadas cuando por atrás, en esa habitación a la que no llegan los micrófonos y donde se obliga a los asistentes a apagar los móviles, se cocina la verdad y el interés propio sin la sal de los escrúpulos, desatendiendo a España, a los ciudadanos, incluso Casado, el “de pueblo”, a los de Matadeón de los Oteros.

La democracia representativa, esta, es un sofisma, un detrimento de la libertad envuelto en papel de colores acolchado. Listas impuestas por un solo hombre conocido como líder que premia o castiga a sus afines o a sus detractores respectivamente; barcelonautas por Toledo, zaragozautas por Almería, oscenses en las listas de Maspalomas, argentinas repelentes encabezando candidatura en la ciudad de a quienes recontrallaman golpistas, para que la masa de loros lo repita; qué importan las circunscripciones si los partidos, los mascas de cada uno se ocupan de volverla única.

Después, llegados a la Moncloa, flanqueada la mudez leonina de Daoiz y Velarde, el origen ciudadano de los votos queda sobreseído y es tiempo de satisfacer las servidumbres de los grupos de interés que financian a los partidos y al ocio laboral de sus dinosaurios, tiempos de agradar a Ana Patricia, a Florentino, a los iranios, al irlandés de Rivera, a la Fundación Franco. Hasta dentro de cuatro años menos dos meses (el programa anterior incumplido en un ochenta por ciento), en que la estrategia de hipnosis reiterativa volverá a resurgir de los argumentarios de los partidos para seducir a los indecisos y hacerles creer que pueden cambiar la civilización, que su voto sirve, que son autónomos para decidir, que aunque articulistas remotos se cisquen en la tiranía plenipotenciaria de los aparatos de los partidos, de ellos, del pueblo, de ti, depende la conformación última del hemiciclo.

Pero no. No olvides que, salvo excepciones, tú no votas, tú solo ratificas electoralmente las decisiones electivas de los que están situados en el vértice de la pirámide de poder de cada partido. Votas lo que te imponen, en el orden que te imponen, al margen de la valía de cada candidato, preocupados de la paridad, la pleitesía y la voluntad de prevalecer de todo líder. Te dirán que el Senado sí, que bla, bla, que puedes tachar, pero si tienes en tu agenda de contactos el de algún senador (y si no te presto un par), pregúntale por su capacidad para legislar, para modificar, para transformar el país, si a las nueve de la mañana de los miércoles, los escaños están vacíos porque a sus señorías se les antoja temprana la hora.

Pese a todo, votaré, sin ninguna convicción democrática, solo como gesto de oposición a la entronización de un bloque de ultraderechas que ha advertido en comandita que la primera medida que tomarán será la intervención, quizá armada, de Cataluña. Hitler jamás escondió tampoco su animadversión hacia los judíos y los comunistas durante sus campañas electorales.

Y, francamente, me preocupa la integridad de los comunistas españoles y de quienes votan a Podemos. Igual todavía no llegan a aquellos seis millones.

 

 

 

2 pensamientos en “TÚ NO ESCOGES, TÚ SOLO RATIFICAS

  1. Qué mal, qué barroco, pedante y desagradable. No sé quién le dijo que lo suyo era la escritura, pero flaco favor le hizo, oiga. Siga con su náusea y con Daoiz y Velarde, que yo seguiré leyendo a alguien que sepa escribir sin flatulencias y exabruptos como los suyos. Salud.

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