Juanma Velasco

Un espacio sin cortinas de humo

VOLVERÁN LOS MAÑANAS CON PERDICES

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Publicado en Levante de Castelló el 18 de junio de 2019

 

Los balances enturbian, mirar al pasado solo conduce a la nostalgia y esta promueve la infelicidad de todo tiempo prescrito cuando se avizora desde lo inamovible. Esta columna debe situarse en un ordinal superior al quinientos en la década larga opinativa de este argumentador de óptica tatuada por lo subjetivo de cualquier ideología, unas 600 000 palabras acumuladas. Confío en que los augurios de monopolio periodístico provincial terminen por no consolidarse y prevalezca esa pluralidad que nos ha vuelto más libres, menos ciegos, menos condicionados por toda sugestión unilateral.

El capitalismo atroz que todo lo subsume bajo su azote de influencia no repara en conservar libertades ajenas, solo se ocupa, a través de la ambición, de hacer procrear al dinero para fortalecer a las élites; no hay espacio pues para románticos que combaten las desigualdades del sistema, para cruzados de la información contrastada; tiempos de simplificar, de no invertir en crear conciencias, de abolir la filosofía como promotora de la reflexión. Reitero mis votos hacia la reversión de esos rumores de cese imperativo de un medio, este, que ha facilitado siempre el camino hacia la disidencia con lo establecido. Su acta de defunción forzosa, por pura estrategia mercantilista, constituiría una agresión, una más, al estadio del derecho a la libertad de expresión.

Si paso la página de la duda, me salta un amasijo de imágenes que atentan contra mi estupor. Un concejal de ESO (siglas alternativas en mi código de un partido político), de Orihuela, jurando el cargo armado con un crucifijo de dimensiones más propias de un caballero de la Orden del Hospital que de un edil de pueblo, convencido, a tenor de la herramienta de fe que enarbolaba, de que está llamado a interpretar el rol de mesías en su ayuntamiento. Debía portar una cabeza de ajos en cualquiera de los bolsillos y quién sabe si una bala de plata en cualquier otro, para combatir más a sus propios monstruos que a los que emanan de los comunistas que ha jurado erradicar, como a las autonomías, sotto voce. No deja de ser la performance un demostrativo de la calaña de esta tribu de hombres de Java disfrazados de comendadores, dispuestos a revertir el libertinaje imperante y devolvernos a la oscuridad sumida del medievo y elevar de nuevo a España, qué vómito, a la categoría de imperio.

Al hilo de estos abencerrajes, el tercero de ESO, un tipo de apellido compuesto, barbado como un rey leonés y del que no voy a reproducir su nombre,  con la parla sentenciosa de los inquisidores de salón que han encontrado una veta de seguidismo en ese sector de la sociedad al que le han extirpado la memoria y el conocimiento de una historia no demasiado alejada de nuestros días, ha manifestado que las próximas ediciones del Orgullo Gay son una incertidumbre porque ellos están dispuestos a impedir semejante despliegue de lubricidad  urbana y callejera, y se apreciaba en su desprecio que lo llevaban los demonios interiores cuando expectoraba involuciones, como siempre que declara alguien de ESO.

Si paso otra página me topo con el rey, con el tuyo, ataviado de armiño, dejándose masajear por los oropeles decadentes de la monarquía británica que en su afán corporativista con sus homónimos europeos le ha impuesto al Borbón español la Orden de la Jarretera, una desmesura honorífica destinada solo a dotar de publicidad a la corona de Albion y distraer así del desprestigio de la isla ante el resto del planeta, dividida su sociedad entre el sí, el no, el tal vez y el puede.

No deja de causarme un repelús intestino el despliegue de boato rancio de las monarquías, instituciones derivadas de la sumisión de los pueblos ante seres y cortes que se autocalificaban como superiores y que no dudaban en disponer de sus vasallos para cualquier fin personal. El que la corona británica le concediera, porque sí, la misma Orden al padre del ciudadano Felipe que a este, me despierta, habida cuenta de los antecedentes crápulas, comisionistas y exterminadores de caza mayor del emérito (siempre con minúsculas en mi vocabulario), un rechazo visceral y una arcada de displicencia ante el vasallaje mediático de los medios de comunicación ante semejante estallido de hipocresía diplomática intermonárquica.

Avanzo una página del libro de la semana y me topo con la fechoría declarativa del recién lustrado alcalde de Madrid, un tal Almeida, que ha anunciado la reversión de Madrid Central, un acontecimiento ambiental que comenzó a situar a la capital de la España del “a por ellos” en un plano de igualdad respecto de las grandes capitales europeas. Quizá solo sea el vocerío un tributo verbal y bravucón a los votantes minoritarios del PP y a la hora de deshacer el coto medioambiental capitalino no lo tenga tan fácil, ni la alternativa se presuma no solo favorable a los intereses pulmonares de los madrileños, sino factible su retroceso a los ojos escrutadores de la Europa que todo lo controla.

Si esa instrumentalización electoralista de derribar los logros del antecesor, solo por el hecho de ser disyuntivo en lo ideológico, va a ser, van a ser las líneas de actuación de este y del resto de ayuntamientos surgidos de los pactos de perdedores (la expresión la acuñaron el propio Casado y Rafael Hernando para desacreditar las alianzas de la izquierda cuando ellos, el PP constituía la lista más votada), las expectativas de prosperar hacia una vanguardia limpia de detritos personales y poltronas se me antoja imposible. En lo que a mí respecta, con la memoria de Tierno Galván ya muy disminuida por los años, y descartado Carlos III por Borbón, mis votos como mejor alcaldesa de Madrid de la historia de mi memoria activa, son para Manuela. Donde vaya, ahora que ha renunciado a su acta de concejala, será bien recibida porque se le presume recta, juiciosa y progresista, alineada con el mañana y no con el ayer.

Me disgusta la anorexia, por igual en cuerpos que en mentes, y no concibo que el mañana venga con retrocesos caprichosos bajo el brazo. Confío, y me reitero, en que este poso de derrotismo librepensador no se consolide y que la próxima semana siga pudiendo llegar a ti con la misma irreverencia razonada que desde hace una década. Si no fuera así, que la patria de los censores se lo demande.

 

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