Juanma Velasco

Un espacio sin cortinas de humo

OTRA RESURRECCIÓN

Deja un comentario

Había comenzado a toser. Sin embargo, y pese a que percibía que su temperatura corporal no era la acostumbrada, completó su ritual matutino y se dispuso a salvar a lomos de su infatigable Passat, con más de medio millón de kilómetros en su histórico de revoluciones, los cincuenta y siete kilómetros que separaban su apartamento frente al mar, de su farmacia a mil cien metros de altitud sobre él; en un pueblo con más genealogía que padrón, diseminados sus hábitats para más inri, y que pese a la creatividad de sus munícipes para fijar demografía no pasaban de quinientos y menguando.

La alternativa a dejarse condicionar por aquellos síntomas que bien pudieran obedecer a un resfriado común, de los atávicos, erradicados también por el cobicho del imaginario presente de enfermedades, pasaba por cerrar la farmacia y dejar sin el oxígeno de la química dosificada a una población envejecida que necesitaba de lo farmacológico para extremar lo supervivencial. Y no, no iba a apostar por una primera pusilanimidad disuasoria para emborronar una hoja de servicios de veintidós años de atención ininterrumpida, incluso a domicilio, incluso en vértices remotos de un término municipal sin boutiques ni almirantes.

Marzo había demostrado escasa empatía con la piel y a esas altitudes se había hecho acompañar de la nieve cinco días. Incluso Santi, avezado a las estadísticas climáticas, había perdido la cuenta de los de lluvia; el viento una constante en los árboles cercanos. Aquellos comienzos de abril tampoco habían obsequiado con un solo día de delicadeza epidérmica. Quizá fuera eso, una suma de intemperies incompatibles con el bienestar lo que maltraía sus entresijos con alguna tiritona esporádica.

Pese a no haber computado caso alguno de neopeste en el pueblo, el tráfico de usuarios de la botica se había incrementado sin otro motivo que el de la propia sobreprotección inconsciente, y esa añadidura de afluencia le hizo extremar las medidas de distanciamiento, por un bien biunívoco.

Pero esta mañana de flemas sobrevenidas, apenas abierto, antes de la llegada del primer cliente y aun a riesgo de que el vecindario propagara su súbito avinagramiento de carácter, habilitó una urna doméstica en el zaguán para que los vecinos dejasen receta y tarjeta en su interior y se hicieran a un lado.

Pese a que lo silenciaban, los usuarios interiorizaban que no era necesario tanto ceremonial, que el pueblo estaba limpio. A quienes tuvieron la confianza de trasladárselo, Santi les mintió justificándose en que cumplía órdenes de su Colegio, mientras aceleraba la transacción para que le diera tiempo a toser en el baño a salvo de pulmones netos y oídos chismosos.

A la degradación emocional del confinamiento tenía que añadir el malestar fisiológico y la incertidumbre sobre su condición o no de infectado. Si proseguía su pequeña hecatombe patológica se vería obligado a exteriorizar, coincidentemente ante ese Colegio, su situación clínica y requerir la sentencia probatoria del test.

Solo aspiraba a permanecer anónimo; no precisaba de aplausos ni de reconocimientos populares, no necesitaba catalogación de heroicidad alguna, ni siquiera menor, porque solo cumplía con su determinismo laboral de atender a quienes financiaban todo el año su consumo de queso curado y su jamón de bellota, placeres gastronómicos que unidos a la lectura y a compartir cervezas con los afines, constituían su podio lúdico.

–Esta tarde no regresaré a casa –comunicó a su mujer.

Y le abundó que no solo le había debutado la tos y entrometido un (no tan) leve malestar, sino que se habían acentuado ambos en el transcurso de la mañana. Y que debía preservar a la unidad familiar de potenciales contagios si el nanointruso había anidado en él; que aguardaría dos, tres días agazapado en el zulo para cambiar de pantalla diagnóstica si síntomas persistían o si era algo común, si pudiera ser el resfriado de todos los años.

–Tomaré algo para tratar revertirlo, lo tengo a mano.

Y dejó escuchar una medio carcajada que no sonó lo desparasitadora que pretendía a oídos de Marta.

Se atrincheró en su pequeño refugio de las guardias, pertrechado de Netflix y de la última y voluminosa de romanos de Santiago Posteguillo. Y con el vehículo oculto en la cochera, ningún vecino adivinó que su boticario no había descendido a su costa de cada día sin que mediara retén.

Poca conversación, algún escalofrío disimulado, pero soportando en vertical el horario de atención. No parecía el mismo a ojos de los que sabían de su afabilidad.

Amanecía el domingo de Pascua. Husmeó por entre el postigo para no delatar su presencia y apreció que el ramaje de las acacias de la acera contraria guardaba una casi olvidada inmovilidad. Y pese a que el suelo presentaba trazas de llovizna nocturna, una timidez azul pugnaba por colonizar lo de arriba. Comprobó que su sudario estaba empapado de sudor, que la tos había rolado a cascajosa, que sus articulaciones no demandaban sustitución y que lo turbio había casi desaparecido de su organismo y concluyó que no podía ser el maldito si mejoraba tan abrupto.

Pese a su descreimiento en supersticiones religiosas, evocó la figura de Jesús y entendió la fe del ejército de fieles que no celebraría esta edición de la Pascua más allá de lo interior.

–Volveré mañana. Yo también he resucitado a mi manera.

Y Marta, destinataria telefónica de aquel optimismo y que sí militaba en el escuadrón de los fervorosos, calló que rezaría alguna improvisación agradecida a su Mesías mientras confiaba en que esa tos mimética y quizá sicosomática que también le debutara casi al tiempo que la de Santi, se extinguiera con la buena noticia.

 

 

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s