Juanma Velasco

Un espacio sin cortinas de humo


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SIGAN, SIGAN

Publicado en Levante de Castelló el 15 de noviembre de 2017

 

Hace frío. Incluso al sur del Círculo Polar, incluso aquí, amenazado el otoño en consumirse ante el avance inexorable de noviembre, a orillas de un mar templado que no sufre de congelaciones invernales. Un frío relativo, bien es cierto, pero que no cesa pese a que el aire se caliente hasta casi los 20 al mediodía y el sol invite a la nostalgia benigna en los días sin viento, como hoy, martes, cuando escribo.

Hace frío también en las hemerotecas y en las declaraciones de todos y cada uno de quienes pretenden, a su manera, salvar España del prójimo, equivocado a perpetuidad en sus planteamientos de presente y sobre todo de futuro. El prójimo, en política, siempre yerra y para eso están ellos, todos, los que creen que el prójimo equivocado siempre son los demás, los que te van a representar si les concedes tu voto y tus corazas, para conducirte esposado, sin posibilidad de intervención alguna, hacia el Norte de su interés y de su egocentrismo irrestañable. Sigue leyendo

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VAMOS A MÁS

Publicado en Levante de Castelló el 18 de octubre de 2017

 

Ustedes, habitantes eximios y legislativos del asteroide del PP, se enjuagan la boca con el listerine de la ley, de esa ley acomodaticia que soporta su pingüe manutención y su poder (emanado del pueblo, alegarán en su defensa), cada vez que declaran sobre el estado de derecho, sobre la democracia y sobre la constitucionalidad del reino de España.

También ustedes, los empadronados en la nube de polvo de Ciudadanos pretenden que creamos que, con semejante líder, tan ávido de la sangre coagulada de quienes no se envuelven con la bandera patria para secarse el sarpullido secesionista, son de fiar, siquiera de escuchar. De Rivera, tan profundo mi rechazo hacia su discurso, ya no me seduce ni su afeitado. Sigue leyendo


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EMOCIONAR(SE)

CONCURSO DE POESÍA EL CLUB DE LOS POETAS VIVOS

          Emocionar(se)

 

 

Como individuo propenso a lo complementario,

a lo rabiosamente opuesto a mis talentos,

leves como una neblina apenas disuasoria,

como hombre proclive a atender lo proveniente

de los meridianos oscuros de la luz,

me permito emocionarme todavía

cuando asoma lo imprevisto

con un hacha de ternura como logo,

para sustraerme de la hipnosis del vuelo cotidiano

de los buitres de la rutina

que patrullan más allá de la exosfera,

en su misión inmemorial

por hacer de mí y de lo mío,

un ser a criterio de sus controladores de vuelo.

 

Podré sonar marcial, incluso comunistoide,

si revelo que me enerva la piel y la laringe

escuchar el himno de la antigua URSS,

o que me arrebata el hematocrito

el “Qué no daría yo” de la Jurado,

o que me tronza la melancolía

el “Romance de Curro el Palmo”

pero en la versión de un Serrat con melena

con la voz astifina de los treinta años.

Me agiganto de luces cuando suena “Granada”,

o  “Don’t cry for me Argentina” cantada por cualquiera,

y “Memory”  y “Carmina Burana”

y el Miguel Bosé más intimista

cuando olvidaba los atavíos de crossdresser.

Me llegan al hipocentro de mis úlceras

Paco de Lucía y Manuel de Falla,

“Para Elisa” y los fandangos de Alosno,

algún bolero a dúo,

una docena o más de rancheras mexicanas,

y un centenar o tres de estelas musicales

que me reservo para alimentar otro poema.

 

Pero no sólo con notas

se almibaran mis ojos y mi lado tibio;

me crecen también otros embargos

en mi plantación de semillas proverbiales

que abarcan lo artístico y lo geológico,

lo atmosférico, lo  animal, lo cósmico,

y me irrigan mi yo más anecdótico,

esa percepción de ser ínfimo

para cualquier observador situado

en alguna ciudad china millonaria en chinos

y en pilas de botón.

 

Fugaz, minúsculo, prescindible, irrelevante,

pero pese a esta suma de mínimos, emocionable,

uno de los siete mil de millones largos

de primates venidos a más, supuestamente,

que bailan y trasiegan sobre la corteza terrestre

aguardando a que el siguiente terremoto

fracture más o menos donde siempre.

 

Me fibrila Caravaggio

porque sombrea la luz y sus viceversas

como nadie en la historia de los fotones;

me abruma Rafael cuando abusa del rojo.

Me aturden los sentidos

Benarés bajo la lluvia,

el crepúsculo en Asuán,

París tras la tormenta,

una estampida de búfalos cafre,

el corredor de los tornados,

la independencia de Silicon Valley,

las iglesias de Roma,

la cubrición de la Kaaba,

los sherpas descalzos en activo,

esos ríos ocho meses congelados,

un cervatillo en un arcén de las Rocosas,

y todas, indefectiblemente todas

las auroras boreales que no he visto

por estrictas razones de latitud.

 

Me minimiza como sujeto

que en la NASA,

existan otros más sujetos que yo,

seres casi anónimos de Manhattan hacia afuera,

tan insolentemente inteligentes

como para poner en órbita

cualquier vástago precoz del Hubble,

capaz de diagnosticar a simple lente un melanoma

desde cualquiera de los satélites de Urano.

 

Me apabulla el maquillaje de Central Park

cuando hace ocre y rojizo en cada octubre,

y Kamchatka en casi junio, cuando deshiela,

y las secuoyas pertinaces en su verticalidad,

y algunos besos de difícil acceso,

y las refriegas entre cocodrilos e hipopótamos,

y las treguas de arcoíris en Escocia

y un millar más o tres de ecosistemas feraces.

 

Pero Einstein me pone de rodillas

y Eratóstenes, y Kepler, y Curie,

y Bohr y Tesla y Severo Ochoa,

y Alfonso X el Sabio, y Hawking,

y tantos otros que no por innombrados

dejan de inundarme hasta lo cuántico

con sus sabidurías mancomunadas

puestas al servicio de mi longevidad.

 

Me conmueven algunos párrafos que he escrito

en un puñado de novelas con mi firma;

me congracian con los míos nombres como

Miguel, Federico, Luis, Pablo o Antonio,

poetas del santoral de lo terreno,

brazos armados de mi mar sereno,

adivinos de todas mis heridas,

archiveros de todos mis estados,

escribas de mis fobias y mis filias.

 

Me repara mi pulso irregular

el ordenar con desorden este extracto

de mis sentidos en modo antología,

inconclusa, desoladoramente exigua

por razones de espacio y desmemoria.

Me estimula poder emocionarme

y constatar que vivir es una orgía

de encontronazos agridulces

si se tienen las manos suficientes

para acariciar, conteniendo la eyaculación,

el mayor número de caras talladas

de este diamante inabarcable

que algún romano bautizara como vita.


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RADICALIZACIÓN DEMOCRÁTICA

 

Publicado en Levante de Castelló el 6 de septiembre de 2017

 

Un aroma de balas figuradas, biunívocas, cargadas de fobia recíproca se ha adueñado de la atmósfera de esta España que pese a lo mucho que la pretenden una los constitucionalistas, esos fabricantes incesantes de Super Glue patrio, sigue siendo dos, o diecisiete, o cuarenta y seis millones de Españas, una por morador.

Si a Machado, a don Antonio, le fuera concedido el don de la resucitación temporal se sorprendería ante la nueva disyuntiva de un país que, habiendo perdido parte de aquella fe en Frascuelos y en Marías, sigue conservando una radiación de fondo de panderetas y charangas que nos siguen granjeando fama de festivaleros entre los países que envían sus manadas a visitarnos atraídos por el sol, por las pipas y por contar con un patrimonio histórico y biodiverso que rezuma grandiosidad y del que uno se siente, sino orgulloso, porque el orgullo es un sentimiento que reservo para lo propio y para los míos, sí cuando menos convencido de que merece un trono de menos y unos gobernantes de más fuste, con menos soberbia y con un sentido de la proximidad con el pueblo que ahora no poseen salvo cuando sintonizan con esa cima social que gestiona el capital con muchos ceros a la redonda. Sigue leyendo


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TRUENA CUANDO ESCRIBO

Publicado en Levante de Castelló el 30 de agosto de 2017

 

Se extingue agosto. Tanto los elefantes del Serengueti como las leonas de Cabárceno no le prestan demasiada atención a la efeméride que repuebla laboralmente España, ni siquiera han formulado propuesta alguna de renovación para septiembre, ajenos como transcurren al calendario. Mientras, la humanidad, la cercana, anda disyuntiva, una porción maldiciendo la nubosidad que impide redondear su bronceado vacacional y la otra que suspira ante los primeros síntomas otoñales en forma de tormentas y ese frescor que amansa las sudoríparas.

Después de un periodo de pereza estival me retomo como analista de mi propio cosmos, con la intención de no prestar demasiada atención a los grilletes ideológicos de tertulianos y articulistas que pareciendo doctos sólo están domesticados por el medio de comunicación que les da de comer y éste, a su vez, por el banco que les exime, a diario, de ejecutarles la deuda con el consiguiente añadido de servidumbre hacia las fuerzas opacas que sostienen el poder bancario, que en este país y los aledaños occidentales tiene un mayor peso que el legislativo, el ejecutivo y el judicial. Sigue leyendo


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A DOS MIL KILÓMETROS

Para el concurso,”Un mar de historias”

 

Vivía adosado a la rutina. El tedio era el meteoro más insobornable en Sama Gaon, una aldea situada en uno de los incontables corazones habitados del Himalaya, al pie del ochomil menos deseado de la Tierra: el Manaslu.

Populosa para lo que se estilaban allí, los cuatrocientos vecinos de Xenxi, subsistían de portear para expediciones y trekkings y de la escasa autarquía agrícola-ganadera que permitía el vivir a 3500 metros sobre el nivel del mar a 30 N.

Los catorce años de Xenxi no le habían impedido iniciarse ya como mula para occidentales, pero lo esporádico de la ocupación le dejaba un excedente de ocio que cubría con un cuchillo tibetano entre las manos, intentando extraer de los pedazos de madera de los rododendros que crecían hasta mil metros más abajo, barcos. Casi siempre embarcaciones que había visto en esa televisión menuda pero paradójicamente voluminosa, pixelada de imágenes y que se convirtió, desde sólo tres años atrás, en el agujero de gusano que lo vinculaba con ese otro planeta en el que no comenzaba a nevar a primeros de noviembre.

Mayo le mejoraba el humor. La recuperación del desfile de europeos y japoneses, con la incursión de algunos norteamericanos, vestidos con los tejidos coloristas del progreso le concedía una nueva ventana desde la que prospectar ese mundo que anhelaba. Su radio de acción no había sobrepasado los cincuenta kilómetros a la redonda de su aldea y siempre con sus piernas como elemento de tracción.

Xenxi consumía aquel crepúsculo de luz poseída por el semidiós de las tonalidades irreproducibles, con una de sus artesanías navegables a medio entresacar. Se sabía diestro con el cuchillo pero le faltaban referentes en tres dimensiones para que los barcos le salieran objetivos, proporcionados, incluso flotantes.

 

Aquella supone la segunda tarde de Richi en Sama Gaon. Su tendencia a la introspección, su condición extática permanente en su primera expedición al Himalaya le hace propender a la soledad y vuelve a recorrer las callejuelas, o su aproximación, de la aldea. Durante el paseo vespertino de ayer no se atrevió a aproximarse a Xenxi pese a verlo sentado sobre la misma pared que sirve como flanco a una de aquellas callejuelas, con las piernas colgando, pugnando con un pedazo de madera de un árbol inidentificable y en cualquier caso foráneo: no hay árboles ya en aquellas altitudes.

Pero en la de hoy decide acercarse hasta su mantenida posición, como si formara parte del paisaje. Aunque sólo sea para intercambiar mímicas. Saluda en inglés, por si acaso. Y el acaso surge, el muchacho que se presenta como Xenxi, chapotea un inglés comestible.

Richi le explica que él, que España, que sus compañeros de expedición, que la belleza sublime de tus montañas, que si refresca impensable en contraste con la pegada del sol en su cénit, en un inglés exento de literatura, esencial. Pero al poco, cuando es consciente de que en aquellas alturas, la cháchara occidental interesa lo justo, le conmina a que le trasvase sus sueños.

Y Xenxi, descuidando por un momento la actividad de su cuchillo tibetano, le espeta que sólo aspira a ver el mar antes de cumplir los dieciocho. Y en su inglés eficazmente precario le pregunta si desde su casa se ve ese mar que él quiere comprobar que es todavía más amplio que el Himalaya, o eso dicen los que visten como tú.

Richi niega con la cabeza, saca de su plumas un billete de veinte dólares y le medio insinúa que es a cambio de aquel proyecto de barco.

Xenxi se queja de que lo suyo no tiene forma de nada todavía, que carece de valor.

Pese a la resistencia del adolescente de facciones tibetanas, Richi lo insta a tomar esos veinte dólares que suponen el porteo de seis días.

–I return tomorrow. At this time –añade el español como despedida.

Mañana por la mañana la expedición tiene previsto abandonar Sama Gaon camino de Samdo.  Xenxi ya lo sabe, pero lo calla. Y huele en las entrañas de aquel ¿español dijo?, del que acaba de olvidar el nombre, el aliento solidario que emiten las gentes que aman a los barcos de madera sin tripulación.

Se dedican un Namaste respetuoso y Richi confía en que la suma de los blancos generosos sensibles con sus manos de astillero, le conceda a aquel chico del que jamás olvidará su nombre, Xenxi, el salvoconducto económico que le acerque a ese mar cuya playa más cercana dista dos mil kilómetros en línea recta.

Hace frío, un frío impredecible este mediodía. Alguien dijo que no es extraño que nieve algunas noches de primeros de mayo. Apenas queda luz.

 


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LOS MATAN CALLANDO

 

Publicado en Levante de Castelló el 2 de agosto de 2017

 

Doce fueron los minutos que la primera edición del Telediario de la 1 dedicó el martes primero de agosto a  Venezuela.  En la franja de apertura, como si el resto de la geografía planetaria hubiera dejado de existir. Venezuela, esa es la consigna, sin reparar demasiado en la veracidad de lo que se informa y sólo reportando aquellas noticias en las que el chavismo y su exponente máximo actual, Maduro, demonicen, todavía más al ya de por sí perturbado líder. Importa poco que la oposición perpetre atentados terroristas o provoque explosiones de cuyas imágenes, paradójicamente, se han servido los medios afines al Gobierno español y a su dictado para ilustrar supuestas barrabasadas chavistas, que haylas y numerosas. Sigue leyendo