Juanma Velasco

Un espacio sin cortinas de humo


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MENTIR Y MENTIR, Y VOLVER A MENTIR

Publicado en Levante de Castelló el 8 de agosto de 2018

 

La fidelidad hacia un líder, en política, no es sino una variante supervivencial de la subordinación que a menudo anula el criterio del sumiso en función del exhibido por el líder.  Los arabescos verbales y argumentales que fabrican los vasallos de Casado (jamás lo aludiré como Pablo) para minimizar el desorden académico y a todas luces fraudulento del recientemente nombrado comandante de unos Populares cada vez más impopulares, resultan bochornosos de envoltorio y de raíz.  Tertulianos, miembros de la ejecutiva, doctrinarios de la derecha que pugna por resituarse de nuevo a la derecha de Ciudadanos y aspirantes a ocupar alguna regalía de futuro caminan sobre el alambre no solo del ridículo sino del rechazo social y electoral por defender a alguien que pretende aparentar como rinoceronte sin llegar siquiera a jabalí. Sigue leyendo


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EVANESCENCIA

Evanescencia

Hace algunos veranos acolchados,
cuando aún no crepitaban mis rodillas
y ya marzo me pedía la manga corta,
yo mantuve una amante de citas encriptadas,
gótica de ojivas, los rosetones amplios,
una de esas con foso de agua destilada
y cocodrilos de juguete
custodiando una alcoba restringida
a los que desayunábamos luciérnagas
desnudas de destellos hacia abajo;
a los que exportábamos rosas de los vientos
sin reparar en las espinas
de las isobaras.

Tenía un laberinto cómplice en esquinas,
y un dominio tribal en la mirada
si doblabas la que daba a su entrecejo;
ella era como esas concertinas
que rasgaban la piel si no atinabas
con su témpano más suelto,
su pezón más caprichoso,
con la dosis exacta de aceite en su tostada.

Ella no entendía apenas de poesía,
ni falta que le hacía,
porque rimaba su pelo a carcajadas
y sonreía como entrelazan los sonetos
acentuados en sexta;
era verla dormir y presentarse
un sarpullido de metáforas con alas;
cortejaba yo por entonces los insomnios
complacido en admirarla tan callada
desde el acecho verde de mis ojos.

Yo, entrenado en lo furtivo como clave,
tan solo iba y venía,
a nado casi siempre,
de mi orilla a la boya de su rombo
rosáceo, locuaz en prestaciones y entresijos;
todo tendía por aquellos agostos a lo líquido:
el mar, las invenciones, los humores,
las duchas erosivas de después
del lento sacudir de las caderas
en algunas mañanas concertadas.

Ella es hoy, aún, pese al deshielo,
una coalición de iris confortables,
un pronunciar su vocativo todavía,
con voz de idolatría,
cuando con once kilómetros de hartazgo
y sudor en mis gemelos,
cercano el final cotidiano de mi tranco,
la invoco como se reza a un revulsivo,
convencido de encontrarla
en el próximo desdén,
con una lagrimilla remordida exudando su coraza,
con menos cocodrilos en su foso
y con un conato de más en las arrugas
que humanice su mirada.


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LA CALLE YA NO ES SUYA, DON MANUEL

Publicado en Levante de Castelló el 1 de agosto de 2018

 

Esto va de Fragas resucitados porque las calles y las avenidas más caras del Monopoly han cambiado de pistolero, porque han decidido asaltarlas sin permiso de las subdelegadas del gobierno, por la testosterona que les rebosa, dolidos ante el presunto maltrato de la legalidad en la que se enmarca su actividad, por pertenecer a un gremio, el de taxistas, que no acepta que el planeta se incline hacia el costado de lo evolutivo y los postergue. Y como son suficientes, se alían para defender lo que estiman les corresponde sin reparar en lo que desequilibran al resto de usuarios de la ciudad, de los aeropuertos, de los hospitales, de los cementerios. Sigue leyendo


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UN DIVO MÁS A ESCENA

Publicado en Levante de Castelló el 25 de julio de 2018

 

Creían los últimos fabricantes de mantillas extinguidos sus negocios. Parecido finiquito presentían los confeccionadores de mantones y los manufactureros de peinetas. Incluso algunos banderilleros, retirados y gordos por consiguiente, están considerando adelgazar para recuperar el oficio porque acaba de llegar a las estribaciones del poder mayúsculo, a ese PP infestado de patria, mafias y vinagre, un español abanderado de lo rancio y lo caduco, un tipo que reparte avemarías por donde pasa y que promueve salir a los balcones a gritar, brazo en alto, con la nuez vibrante, que somos españoles con orgullo de derechas, que nos va la marcha de la vida sin recortes, la caza mayor sin restricciones, las procesiones con cera, llorar cuando las vírgenes nos hablan, los toros que se dejan cortar las dos orejas y que lo de morirse en paz, solo cuando Dios quiera. Sigue leyendo


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POR QUÉ NO TE CALLAS, CORINNA

Publicado en Levante de Castelló el 18 de julio de 2018

 

España, pese a demasiados españoles de meseta (y periféricos vinculados al castellano de jarchas y moaxacas) mansos y conniventes con lo de siempre, necesitaría salirse de la atrofia institucional de una monarquía marcada por el desuso, la inepcia, el descrédito, la herencia y una dinastía que a menudo llevaba el tatuaje del vicio en penes disolutos o en el caso de María Cristina e Isabel, por no remontarnos más en el cauce de los siglos, en unas vaginas contingentes, más propias de ninfómanas que de monarquesas con mando en caja y en voluntades súbditas.

De que el rey emérito, requeteviejo de papada y osamenta, era un defraudador, cuando menos de ética, se tenían sospechas incluso antes de que el New York Times se despachara con el destape periodístico, no demasiado aireado en un país entonces peperizado y afín a los oligarcas, de que la fortuna del ahora emérito podría rondar los dos mil millones de dólares o euros, importa poco la divisa. Las declaraciones robadas en modo grabación telefónica a una de las embajadoras del dolce far niente de una aristocracia europea arcaica y emputecida, esa Corinna de apellidos rumorosos, solo hacen que apuntalar aquellas sospechas sin que todavía las palabras amargadas de la Barbara Rey alemana hayan aportado esas certezas definitivas, por públicas, sobre la glotonería patrimonial del exmonarca. Certezas que serían fácilmente desenterrables a poco que los poderes dejaran de mirar hacia el costado de lo aséptico y dotaran a una selección de niños madrileños de vacaciones en Benicàssim con un arsenal de simples paletas de playa y los condujeran a esos yacimientos con escasez de niveles estratigráficos conocidos por demasiados que callan y callan y vuelven a callar por temor a desatar, con el afloramiento de los cofres borbónicos, el mayor escándalo de los tiempos demócratas, sabedores de que la cobardía del silencio constituye a menudo la peor de las involuciones intangibles. Sigue leyendo


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BIENVENIDOS A LA LUZ

Publicado en Levante de Castelló el 11 de julio de 2018

 

Las pisadas masculinas se han vuelto sigilosas cuando petits comités de hombres, con o sin cerveza de por medio, abordan el asunto de la exacerbación del feminismo (a su juicio). Y cuando se adentran en esos territorios inexplorados de la sensibilidad femenina por su condición antagónica de género, suelen mirar hacia los lados, temerosos de que alguien pueda escuchar sus discrepancias con ese movimiento de feminismo extremista que deja al hombre a expensas judiciales ante cualquier insinuación de maltrato femenino, conductual o verbal, exista o no.

Yo también me produzco sigiloso con el vocabulario, escogiendo con mimo los términos para que no resulten motivo de molestia ajena a la par que precisos para dotar de rigurosidad enunciativa a mis aportaciones prescindibles. Piso suave, temiendo tanto escribir, como mirar, como insistir, como no saber cómo comportarme ante una primera negativa femenina, porque imagino que al género todavía no le ha dado tiempo a reciclarse para aprender a decir sí de un modo manifiesto, sin causar la confusión histórica producida por noes que se pretenden síes, pero no a la primera para no dar impresión de “facilonismo”. Pero quizá sea que algunos envejecemos desfasado en asuntos de adecuaciones de lenguajes, de señales, de indicios siquiera. De haber imperado el orden punitivo al que se tiende en materia de negativas femeninas, millones de matrimonios no se hubieran consumado a falta de insistencias masculinas que acabaron demoliendo resistencias de chicas con la guardia alta a las que les gustaba dejarse querer de más antes de desvestirse. Sigue leyendo


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UN MONZÓN MÁS

Publicado en Levante de Castelló el 4 de julio de 2018

 

Esplende el monzón en el subcontinente indio y los veinte millones de humanos que medio viven, medio se hacinan en Mumbai soportan con resignación cíclica estacional que las calles adquieran condición palustre mientras prosiguen con sus prácticas cotidianas pese a los 200 mm de lluvia caídos en una sola jornada. Pero estas intemperancias de las nubes suceden lejos de una España contrita que sigue tendida en el tercio del diván psicofutbolístico que no ocupan Argentina y Alemania.

Un eco paradójico, por igual de incredulidad que de pesadumbre, ha dejado el mundial, contemplado desde la óptica de España, huérfano de las virtudes casi teologales atribuidas a “la Roja”: la furia, el toque-taka, la entrega de la última gota de sangre y sudor mancomunados. No dejan de sonsacarme una sonrisa los tópicos vulgares del fútbol; se alude a “la Roja” como seña de exclusividad cuando, junto con el blanco, el rojo se eleva como el cromatismo más tradicional de las indumentarias deportivas y cuando “rojo” o “roja” debe constituir el apelativo de centenares, miles de escuadras de distintas disciplinas, de múltiples países, pero que en este nuestro, donde lo identitario adquiere los brillos añadidos de la historia que nos recubre y supuestamente nos blasona, lo hacemos pasar por único, eliminando cualquier proceso de reflexión, individual, pero sobre todo colectivo, que pudiera apartarnos de esa pretendida singularidad. Somos “la Roja”. ¿Cuálo? Se asombra un polaco. Sigue leyendo