Juanma Velasco

Un espacio sin cortinas de humo


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LA CALLE YA NO ES SUYA, DON MANUEL

Publicado en Levante de Castelló el 1 de agosto de 2018

 

Esto va de Fragas resucitados porque las calles y las avenidas más caras del Monopoly han cambiado de pistolero, porque han decidido asaltarlas sin permiso de las subdelegadas del gobierno, por la testosterona que les rebosa, dolidos ante el presunto maltrato de la legalidad en la que se enmarca su actividad, por pertenecer a un gremio, el de taxistas, que no acepta que el planeta se incline hacia el costado de lo evolutivo y los postergue. Y como son suficientes, se alían para defender lo que estiman les corresponde sin reparar en lo que desequilibran al resto de usuarios de la ciudad, de los aeropuertos, de los hospitales, de los cementerios. Sigue leyendo


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UN DIVO MÁS A ESCENA

Publicado en Levante de Castelló el 25 de julio de 2018

 

Creían los últimos fabricantes de mantillas extinguidos sus negocios. Parecido finiquito presentían los confeccionadores de mantones y los manufactureros de peinetas. Incluso algunos banderilleros, retirados y gordos por consiguiente, están considerando adelgazar para recuperar el oficio porque acaba de llegar a las estribaciones del poder mayúsculo, a ese PP infestado de patria, mafias y vinagre, un español abanderado de lo rancio y lo caduco, un tipo que reparte avemarías por donde pasa y que promueve salir a los balcones a gritar, brazo en alto, con la nuez vibrante, que somos españoles con orgullo de derechas, que nos va la marcha de la vida sin recortes, la caza mayor sin restricciones, las procesiones con cera, llorar cuando las vírgenes nos hablan, los toros que se dejan cortar las dos orejas y que lo de morirse en paz, solo cuando Dios quiera. Sigue leyendo


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POR QUÉ NO TE CALLAS, CORINNA

Publicado en Levante de Castelló el 18 de julio de 2018

 

España, pese a demasiados españoles de meseta (y periféricos vinculados al castellano de jarchas y moaxacas) mansos y conniventes con lo de siempre, necesitaría salirse de la atrofia institucional de una monarquía marcada por el desuso, la inepcia, el descrédito, la herencia y una dinastía que a menudo llevaba el tatuaje del vicio en penes disolutos o en el caso de María Cristina e Isabel, por no remontarnos más en el cauce de los siglos, en unas vaginas contingentes, más propias de ninfómanas que de monarquesas con mando en caja y en voluntades súbditas.

De que el rey emérito, requeteviejo de papada y osamenta, era un defraudador, cuando menos de ética, se tenían sospechas incluso antes de que el New York Times se despachara con el destape periodístico, no demasiado aireado en un país entonces peperizado y afín a los oligarcas, de que la fortuna del ahora emérito podría rondar los dos mil millones de dólares o euros, importa poco la divisa. Las declaraciones robadas en modo grabación telefónica a una de las embajadoras del dolce far niente de una aristocracia europea arcaica y emputecida, esa Corinna de apellidos rumorosos, solo hacen que apuntalar aquellas sospechas sin que todavía las palabras amargadas de la Barbara Rey alemana hayan aportado esas certezas definitivas, por públicas, sobre la glotonería patrimonial del exmonarca. Certezas que serían fácilmente desenterrables a poco que los poderes dejaran de mirar hacia el costado de lo aséptico y dotaran a una selección de niños madrileños de vacaciones en Benicàssim con un arsenal de simples paletas de playa y los condujeran a esos yacimientos con escasez de niveles estratigráficos conocidos por demasiados que callan y callan y vuelven a callar por temor a desatar, con el afloramiento de los cofres borbónicos, el mayor escándalo de los tiempos demócratas, sabedores de que la cobardía del silencio constituye a menudo la peor de las involuciones intangibles. Sigue leyendo


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BIENVENIDOS A LA LUZ

Publicado en Levante de Castelló el 11 de julio de 2018

 

Las pisadas masculinas se han vuelto sigilosas cuando petits comités de hombres, con o sin cerveza de por medio, abordan el asunto de la exacerbación del feminismo (a su juicio). Y cuando se adentran en esos territorios inexplorados de la sensibilidad femenina por su condición antagónica de género, suelen mirar hacia los lados, temerosos de que alguien pueda escuchar sus discrepancias con ese movimiento de feminismo extremista que deja al hombre a expensas judiciales ante cualquier insinuación de maltrato femenino, conductual o verbal, exista o no.

Yo también me produzco sigiloso con el vocabulario, escogiendo con mimo los términos para que no resulten motivo de molestia ajena a la par que precisos para dotar de rigurosidad enunciativa a mis aportaciones prescindibles. Piso suave, temiendo tanto escribir, como mirar, como insistir, como no saber cómo comportarme ante una primera negativa femenina, porque imagino que al género todavía no le ha dado tiempo a reciclarse para aprender a decir sí de un modo manifiesto, sin causar la confusión histórica producida por noes que se pretenden síes, pero no a la primera para no dar impresión de “facilonismo”. Pero quizá sea que algunos envejecemos desfasado en asuntos de adecuaciones de lenguajes, de señales, de indicios siquiera. De haber imperado el orden punitivo al que se tiende en materia de negativas femeninas, millones de matrimonios no se hubieran consumado a falta de insistencias masculinas que acabaron demoliendo resistencias de chicas con la guardia alta a las que les gustaba dejarse querer de más antes de desvestirse. Sigue leyendo


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UN MONZÓN MÁS

Publicado en Levante de Castelló el 4 de julio de 2018

 

Esplende el monzón en el subcontinente indio y los veinte millones de humanos que medio viven, medio se hacinan en Mumbai soportan con resignación cíclica estacional que las calles adquieran condición palustre mientras prosiguen con sus prácticas cotidianas pese a los 200 mm de lluvia caídos en una sola jornada. Pero estas intemperancias de las nubes suceden lejos de una España contrita que sigue tendida en el tercio del diván psicofutbolístico que no ocupan Argentina y Alemania.

Un eco paradójico, por igual de incredulidad que de pesadumbre, ha dejado el mundial, contemplado desde la óptica de España, huérfano de las virtudes casi teologales atribuidas a “la Roja”: la furia, el toque-taka, la entrega de la última gota de sangre y sudor mancomunados. No dejan de sonsacarme una sonrisa los tópicos vulgares del fútbol; se alude a “la Roja” como seña de exclusividad cuando, junto con el blanco, el rojo se eleva como el cromatismo más tradicional de las indumentarias deportivas y cuando “rojo” o “roja” debe constituir el apelativo de centenares, miles de escuadras de distintas disciplinas, de múltiples países, pero que en este nuestro, donde lo identitario adquiere los brillos añadidos de la historia que nos recubre y supuestamente nos blasona, lo hacemos pasar por único, eliminando cualquier proceso de reflexión, individual, pero sobre todo colectivo, que pudiera apartarnos de esa pretendida singularidad. Somos “la Roja”. ¿Cuálo? Se asombra un polaco. Sigue leyendo


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CONSTATACIÓN

Para el Certamen “Historias de fútbol”

 

No voy a llegar.

De poco me va a servir mi loado sentido de la anticipación, mi tradicional exquisitez en la colocación, mi reputada visión del juego, los silbidos frecuentes que dirijo a mis compañeros de zaga para alinearlos, la generosidad afectiva del público, el buen trato de una prensa deportiva que no demanda todavía un andador con mi dorsal.

Pero no voy a llegar…

Por primera vez en 36 años, la decrepitud se ha adelantado a mis zancadas y esa velocidad que me ha mantenido como defensa central incuestionable ha migrado al hogar del jubilado repleto de exfutbolistas devenidos a comentaristas.

Mi rival, ese al que debería siquiera hacer trastabillar, no ha cumplido los 22 y sus fibras presentan la potencia de lo que no se ha dividido en exceso celularmente.

Ni siquiera mi máxima exigencia muscular me va a permitir abortar su trayectoria, incluso pese a conducirse con la pelota y yo sin ella.

Le faltan menos de dos metros para acceder a la divisoria del área grande y me ha ganado casi otros dos desde los tacos de salida del medio campo.

Percibo como el público, mi público durante 16 temporadas de zaguero asiste, desconozco si con conmiseración o con esa intransigencia futbolística que caracteriza a las aficiones cuando huelen a frágil, a mi epitafio deportivo en esta carrera que ha derivado en persecución. Infructuosa porque mi suposición de que no voy a llegar se está consumando y no llego.

Él ya dispone de posición de disparo, pero todavía pretende ganar unos metros para burlar a mi portero desde el bocajarro. Sin premeditarlo, solo valiéndose de sus prestaciones, acaba de retirarme. Mis dudas sobre si seguir una temporada más han sido disipadas por la soberbia de sus cuádriceps. No es que el partido sea decisorio, pero la jugada sí se erige como tal en lo que a mí concierne.

En ese lapso de pausa que el delantero requiere para impactar a la pelota a la vez que sortear la presencia de mi guardameta, me arrojo al suelo, con la pierna extendida, persiguiendo interceptar el lanzamiento, pero la distancia resulta insalvable también para mi agonía postrera y lo que no ha conseguido mi rapidez, no lo palía mi aterrizaje acrobático y tampoco llego.

En contra de cualquier pronóstico el disparo no ha terminado en gol. El final feliz de la jugada en lo que atañe a los intereses de mi equipo no se ha debido a mi encimismo, ni a lo defectuoso de su golpeo, ni siquiera a la amplitud del espacio que ha cubierto mi portero. El otro central que me secunda, otro chico que tampoco ha cumplido los 22, ha llegado con la velocidad de un cumpleaños a la zona de conflicto con el balón y desplazando la cantidad de viento suficiente para ridiculizarme ante los ojos de presentes y cámaras ha conseguido desviar la pelota centímetros antes de que pudiera traspasar la legendaria línea de gol de todas las porterías de los estadios de fútbol del planeta Tierra.

Restan quince minutos de juego, dos encuentros para concluir la competición regular y un sucederse eterno de domingos al sol, reciclado por igual a vieja que a gloria.

Me levanto todavía con agilidad y le doy un toque en la espada del delantero rival en modo consuelo ante la ocasión desperdiciada.

–Cuando escuches mi discurso de despedida, nunca olvides que lo provocaste tú.

Pero creo que ni siquiera me ha atendido, menos entendido. Quizá se deba a su insolencia posadolescente, o a que el balón ronda de nuevo la demarcación de nuestras capacidades físicas y técnicas, solo que esta vez, antes de que inicie una nueva estampida hacia mi ridículo, lo derribo sin violencia, con las artes resabiadas de un león con la melena cana.

 


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TODOS NEGROS

Publicado en Levante de Castelló el 13 de junio de 2018

 

En ocasiones leo foros. Esencialmente el de El País. Confieso que dedico más tiempo a analizar las opiniones de los intervinientes que a objetivar la noticia que las suscita. Para aquellos que crean que el foro de El País rezuma de un progresismo conmovedor que se alinea con el mío, lamento contradecir su especulación porque, aunque obviamente en el marco opinativo popular más amplio de los medios escritos nacionales hay pensadores de corte izquierdista, predomina un patriotismo españolista, incluso homófobo hacia el divergente, que se opone a cualquier vínculo con la libertad y que denuesta por igual a Podemos, al PSOE, a los catalanes y a la solidaridad espontánea con el desfavorecido de serie. Sigue leyendo