Juanma Velasco

Un espacio sin cortinas de humo


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ESPAÑOLES Y TURISTAS TODOS

Publicado en Levante de Castelló el 5 de julio de 2017

 

Ha irrumpido julio en la cronología y llegan los turistas, en masa, como esa epidemia de prosperidad ficticia de cada verano. Y muchos llegan disyuntivos, sin reparar en identificarse como tales por vestimenta, comportamiento y horarios, pero pretendiendo husmear en las esencias de los lugares en los que desembarcan, persiguiendo comer, cenar o tomar una cerveza en los espacios de ocio de nativos y presumir de auténticos, para alejarse de ese estereotipo que ellos mismos encarnan y que cada día tiene peor reputación entre los oriundos.

Los residentes en esos lugares propensos a las crecientes invasiones de movilidad globalizada, apenas si hacen ya distingos entre los guiris y los turistas compatriotas. En definitiva,  los forasteros temporales con ánimo de disfrute constituyen bultos andantes a los que se sonríe si hay que venderles algo y a los que se ignora, se sortea y se desprecia  cuando el rédito, al menos el directo, es ninguno.  Cuando demasiadas ciudades o pueblos acogedores de turistas los presentan ya como problema (Venecia, Barcelona, Florencia, Dubrovnik, Santorini…) y no como solución, quizá haya que replantearse un nuevo orden en lo que concierne a la regulación del consumo de espacios y a esa masificación que los pervierte. Sigue leyendo

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AIREANDO

Historias con orgullo en Zenda

 

La viudedad suele ser un estado civil que refuerza los nudos sentimentales entre madres e hijos, especialmente si estos son únicos. Recién cumplidos los 50 y sin marido desde hacía dos, la madre no solía internarse en la habitación del hijo siquiera para limpiarla. Pero la excepción es una especie que suele aparecerse sin avisar. El tasador le había advertido que pasaría hoy mismo, a mediodía, y el sentido del orden de Mara no permitía que el cuarto de Lucho presentara una apariencia de devastación.

Sabedora de que su iniciativa sería acogida por su hijo con algún múltiplo de la indignación, se introdujo en aquel santuario semidesconocido para ella con el ánimo de hacer un amasijo con sus pertenencias esparcidas y depositarlas en el armario para evitar su vista. Y para fregar el suelo.

Debajo de unos pantalones de cuero que no le resultaban familiares ocupando el tren inferior de Lucho, una bandera arcoíris, oliendo a recién hecha, doblada con mimo, le asestó uno de esos machetazos inesperados en sus convicciones. Pese a su encimismo maternal, Mara no había advertido en los 16 años de Lucho un solo indicio de la presunta homosexualidad que reivindicaba, tácito, aquel binomio de cuero y cromatismo. Inminente el Orgullo madrileño, no resultaba difícil adjudicar al festival el exhibicionismo de ambas piezas.

Finalmente el tasador se disculpó por incumplir su promesa de visita. Mañana, aseguró. Lucho llegó al mediodía, como solía; con ese revuelo adolescente que todavía le instaba a desanudar, a diario, dos besos en las mejillas de su madre. Pero al instante de ingresar en su habitación el revuelo se le volvió estampida, los besos tumores en sus labios.

–Mi habitación es mi recinto sagrado y no tienes permiso para allanarla –recopiló con los decibelios desarbolados.

De poco valieron las justificaciones de Mara, las dificultades económicas que requerían de la recalificación hipotecaria de la vivienda, la inocencia de sus propósitos limpiadores.

Ahora, ambos sabían que a Lucho lo motivaban las banderas de colores.

Un instante antes de que el chico se volviera a sumergir en su habitación con fines aislacionistas, tuvo tiempo de escuchar el alegato contrito de su madre.

–Tu orientación sexual no debiera modificar nuestra convivencia. Yo sólo te tengo a ti. Bueno… a ti y a… Lucía. No, no la conoces, tiene mi misma edad y también es viuda. Ambas estábamos insatisfechas con nosotras mismas y decidimos recalificarnos sexualmente…

Lucho compuso uno de esos rictus que bastarían por sí mismos para soportar una tesis de sociología. Prefirió el mutismo al balbuceo pese a que una superpoblación de interrogantes le debilitó sus fortificaciones interiores.

–Desde hace cuatro años. Sí, todavía vivía tu padre cuando nos convertimos en dúo furtivo –epilogó su madre.

Lucho suavizó sus aristas sobrevenidas y su arsenal de ira dejó paso a un abrazo, los ojos medio velados…


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REIMPLANTAR LOS RUISEÑORES

Publicado en Levante de Castelló el 28 de junio de 2017

 

Hace ya muchos milenios, quizá desde cuando el hombre dejó de ser cazador-recolector y se convirtió en agricultor-ganadero asentado, los ya entonces jefes de la tribu se ocuparon de erradicarnos al ruiseñor que supuestamente albergábamos y nos implantaron un grajo a algunos, un buitre a otros y a los mejor situados en la pirámide, un pterodáctilo.

Revisar a los clásicos ejemplarizantes del cine suele servir para recargarse de inocencia,  para comprobar que la bondad humana no está enemistada con la integridad, binomio que se ha ocupado de volatilizar una clase política que declara con rectitud pero que actúa con oblicuidad, en permanente interés conservacionista propio. Sigue leyendo


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MUERE UN TORERO Y…

Publicado en Levante de Castelló el 21 de junio de 2017

 

Muere un torero y aparece la eterna disyuntiva opinativa en esta España que a cada órbita incrementa su rebeldía popular contra la barbarie ancestral de los toros. No puede haber indulgencia alguna para la tergiversada fiesta nacional cuando se la juzga desde la objetividad de lo que representa, un ritual atávico que tiene como protagonista la tortura de un animal noble salvo durante esos últimos veinte minutos de su vida en los que sólo se defiende de quienes lo quebrantan por puro deleite, por el capricho lúdico de una especie dominante que en este rincón de Europa, que atiende todavía demasiado por Iberia, sigue asesinando con impunidad legal y jaleada a animales a quienes esos mismos carniceros, ataviados de rito y lentejuelas, nombran irónicamente como brutos.

Muere un torero y los recalcitrantes de ambos bandos proyectan sus iras respectivas hacia los del bando opuesto. A menudo con exceso de saña en los mensajes, sin la sordina de la contención, siquiera de la hipocresía, sin el tapujo del miedo a la sanción gubernamental de un Estado arcaico y todavía devoto machadianamente de Frascuelo, que vela para seguir preservando el buen nombre de la tauromaquia como símbolo de la oligarquía de casino y de tendido de sombra. El de Sol a lo que dispongan, que para eso estuvo siempre, para ser relleno, carnaza, coro, bullanga, complemento. Sigue leyendo


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EL ESCEPTICISMO OS HARÁ LIBRES

Publicado en Levante de Castelló el 14 de junio de 2017

 

¿Cómo es el mundo, como lo ve un águila o como lo ven tus ojos? ¿El verde de la copa de un ciprés es el que tú percibes o su cromatismo es el que advierte la retina de un perro, la de un caimán, la de un suricato? ¿El azul celeste sólo corresponde a una percepción de la retina humana o también la de un oso lo recibe de igual modo? ¿Fue Ignacio Echevarría ese héroe que han descrito las televisiones con denodado interés, recalcando su condición de español, o su actuación  fue consecuencia de una explosión de adrenalina que conllevó ese comportamiento solidario que sólo se sustenta con la descripción de unos hechos, imprecisa, narrada por unos amigos que, razonablemente, se apresuraron a huir?

No estoy desmereciendo el arrojo del gallego malogrado por la barbarie de un fanatismo que dimana de la religión, como tantos otros, presentes y pretéritos, cristiana, musulmana o judaica; sólo me cuestiono si a un civil accidental y occidental se le puede mitificar por una sola acción, cuando además, en estos momentos de exaltación de lo español, conviene difundir españolismo por los poros de los informativos. Esa radicalización de la españolidad que tanto infla pechos castellanos orgullosos de toreros y folclóricas, es la consigna que rige en las redacciones de la totalidad de cadenas nacionales. El malhadado suceso del último atentado de Londres propició que la jauría de televisiones controladas por la repelente niña Soraya (todas salvo algunas autonómicas entre las que se halla TV3) se apresurase de inmediato a elevar a la categoría de héroe a Ignacio Echeverría, sin darnos una sola alternativa de escepticismo a quienes aborrecemos la manipulación editorialista de unas televisiones que acaban siendo biblias para demasiados millones de españoles que siempre acaban votando timorato. Sigue leyendo


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MI PÉSAME EN UN TUIT

Publicado en Levante de Castelló el 7 de junio de 2017

 

Descorazona comprobar como el tuit se ha adueñado de los hemiciclos, de las cabeceras, de la opinión pública. Qué sencillo resulta condolerse, y qué práctico, desde la asepsia de un tuit, desde su capacidad de penetración comunicativa en el subconsciente de una población que cada día está más acostumbrada a leer en oblicuo y comprender en diagonal.

Rajoy, al que lo más aproximado a la tecnología que le supongo es darle cuerda al reloj, le debió decir al becario community, niño, uno de condolencias, que los del DAESH han vuelto a liarla en Londres. Y el becario escoge esos 140 caracteres, o menos, y arma una idiotez protocolaria que unos todavía más estultos medios recogen como acto de heroicidad solidaria. Y a seguir con la lectura del Marca. Sigue leyendo


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TENEMOS QUE HABLAR DE KILIAN

Publicado en Levante de Castelló el 31 de mayo de 2017

 

Importa el envoltorio, el revestimiento de la noticia, hacer prevalecer el detalle sobre la esencia, provocar la categoría a través de la anécdota. Transcurren tiempos capciosos, pero no son únicos, pese a que quienes vivimos en ellos tengamos la percepción de exclusividad, de vivir momentos históricos. Desde que se inventara la escritura, quienes ejercían su monopolio se ocupaban de vincularla en favor de los intereses de sus partes contratantes y buscaban lo de ahora: manipular emocional, gradual, sutilmente (o no tanto) a las audiencias.

Recientemente, Kilian Jornet ha subido dos veces al Everest. Con un intervalo de seis días entre ambas ascensiones. Con un tiempo que si bien no ha sido record, sí ha supuesto un revuelo no sólo en unas redes sociales faltas de superlativos,  sino también en los medios. No deja de ser lo de Kilian una de esas proezas que acomplejan a los que viven a ras de tierra y a los que son dados a idolatrías deportivas. Sigue leyendo